Archive for 22 enero 2013

Vacío

enero 22, 2013

Creer en el vacío. La nada.  Sánguche de vacío. El espacio vacío: los silencios que hay entre nosotros dos, cada vez que hablamos. El espacio intermedio que hay entre nosotros dos. Nosotros tres. Nosotros cuatro. Nosotros mil. Cuánto se intermedia un espacio. Cuánto se programa. No hay posibilidad alguna de salvación. Es el poder del estado, de su salvaje aparato represivo, contra mí solo. Contra nosotros cuatro. Contra millones. Veo surgir ante mí, sin preguntármelo, escenas del mundo. La escritura me escribe, me moldea, me hace a su antojo. No soy yo quien la hago a ella. No puedo regularla ni controlarla. Ni ahora ni nunca. Es ella quien me dicta qué pensar y sentir. “Must be love”, cantan desde treinta años atrás en la radio. Treinta años es un montón o no es nada. En una fracción de segundos, la historia se repite, se presentifica y todo vuelve a suceder.

Apago una moxa: no es algo sencillo, requiere tiempo, perseverancia y paciencia. Me quedan los dedos completamente negros, luego de la acción. Pienso: hay que tener el temple necesario para dejarse llevar a ningún lugar. Ir hacia ningún lado en particular. ¿Algún día recuperaré algo similar a una letra manuscrita medianamente inteligible? ¿Será posible eso? Son ya muy lejanos los tiempos en que entendía lo que escribía. Ahora me cuesta tanto reconocerme en esta letra. Como si sólo hubiera restos de mí, descoyuntados, sin conexión posible. Ahora hay algo que insiste, por sí mismo, en emerger. Ahora hay algo que se arma sólo cuando yo estoy dormido. O nada más que en la vigilia. Divagar. Dormir. Ausencia. El coraje de asumir el vacío. ¿Seré yo quizás un ambicioso o un “an-vicioso”? Vaciarnos en nuestro encuentro. Quedarnos totalmente llenos el uno del otro. Colmados de lágrimas, de emociones, o de lo que sea. Insistir. Insistir hasta terminar la página. Ser yo en el límite de mis posibilidades, de mis pensamientos, justo de mis palabras. En el límite justo de mis palabras justas. Precisas, exactas. Pienso: no esperar a alcanzar la perfección. Saber lo que uno puede dar hoy y ahora. Y generar desde ahí. Creer en mí. Mañana daré más. Mañana podré dar aún mucho más. O menos. O distinto. Mañana seré otro. Mañana seré diferente. Completamente otro. Alguien irreconocible. Serme ajeno hasta tal punto de que ni yo mismo me reconozca. Mañana será como empezar de nuevo. Pero siempre urgente y necesario. Íntimo y clandestino. A veces pienso: escribo con la cabeza. Otras veces pienso: es la mano la que escribe. Yo no. No sé ni siquiera qué es lo que escribo. Sólo dejo hacer. Ella sabe. Escribo entonces sin necesidad de pensar. Sin necesidad de escribir. Escribo sin ninguna necesidad de nada. Escribo incorporando, recordando, reinventando imágenes. Y esas imágenes ya son mías: están en mí, me conforman y constituyen. Yo escribo y me inscribo en ellas. Ellas se derraman sobre mí. Ya no necesito nada más. Ahora llego, una vez más, al vacío original del que partí.

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Música

enero 16, 2013

Una tarde en el Parque Centenario, justo antes de Navidad. Mientras se desarrolla la Feria del Libro Independiente y Autogestiva. (El Word no sabe reconocer esta palabra, y eso es algo que me inquieta soberanamente, aunque no me sorprende. Toda una declaración de principios: ignorar el significado de la autogestión, no como sustantivo, que sí parece reconocer, pero no ocurre lo mismo con el adjetivo). Logro vender, después de un tiempo prolongado, uno de mis libros: Caen pájaros literalmente del cielo. El más viejo, del que casi no quedan ejemplares. Se respira ese aire tan particular que trae el fin de año. Una atmósfera relajada y fluida, lo cual es más evidente por tratarse de una FLIA, la última del año como se suele decir pomposamente de todo evento que tiene lugar en momentos como esos. Recorriendo los otros puestos cumplo con uno de mis anhelos de largo alcance: adquirir un libro de cuentos de Felisberto Hernández. Uno de esos encuentros mágicos que se producen de vez en cuando: el de un lector con su libro. Sobre el fin de la tarde, me encuentro con unos amigos. Hablamos de muchas cosas, fundamentalmente de música: en especial de Jimmy Smith y de su legendario disco Root down. Una maravilla del jazz contemporáneo. Tomamos unas cervezas, pero desde el momento en que se menciona el nombre de Smith me quedo pensando en su música. La melodía de este disco me invade y ya no puedo estar atento a más nada. Me cuesta seguir la conversación. Soy todo oídos para adentro: ahora soy parte de la música y ella es parte de mí. Y ya no hay nada ni nadie que pueda sacarme de concentración. Para dejarse llevar, aquí va el link:
http://www.youtube.com/watch?v=R99VnAwZepM

Pasado

enero 15, 2013

Subo a la terraza. Me quedo mirando el cielo, al atardecer, y en un momento pienso: Esto que pasa, esto que está pasando ahora, es mi vida. Lo hago estrictamente conciente porque entiendo que ya no quiero que mi vida transcurra sin más, como un sonámbulo que ve pasar sus noches sin saberlo. Decido hacerme cargo, ser responsable de mí mismo. De algo que se podría llamar: mi felicidad. Y el silencio me viene a abrazar, como dice Guillermo Pesoa en una de sus canciones. Un rato más tarde, mientras sigo contemplando ese mismo cielo, oscurece. Veo surgir las primeras estrellas. Recuerdo lo que ya sabemos sobre ellas: miro su luz que se extingue. Quiero decir: las estrellas que vemos en el cielo ya no existen más. Su luz es sólo un souvenir del pasado. La distancia ocasiona que el tiempo se modifique. El viaje por el espacio se transforma en realidad en un viaje hacia el pasado. No vemos estrellas sino sus restos, sus cadáveres. Me pregunto si sería posible que ocurriera lo mismo con las personas. Si pudiéramos un día, como si nada, contemplar la luz que irradia quienes ya no están con nosotros. Escuchar sus voces dispersas en el aire que respiramos. Quizás sea ese tipo de experiencia la que nos brindan el cine y la fotografía. Y también, aunque de otra manera, la escritura.

enero 14, 2013

taller 2

TALLER DE ESCRITURA PARA TEATRO, CINE Y NARRATIVA

 Abierta la Inscripción. INICIA FEBRERO 2013

Consultas e inscripciones: todosquierenlagrimas@gmail.com

          1566655901

El Taller se propone introducir a los participantes en el conocimiento de los diversos aspectos que hacen a la práctica y a la reflexión sobre la escritura teatral, el guión cinematográfico y la narrativa en general. El objetivo fundamental será que los participantes logren adquirir los elementos conceptuales y técnicos inherentes a todo proceso de escritura de cuentos, obras teatrales, y guiones de corto y largometraje. Durante el taller, en base a las experiencias de escritura de cada uno de los participantes y a las exigencias particulares de cada proceso creativo, se leerán materiales teórico-prácticos vinculados tanto a la literatura, al cine y al teatro, y se plantearán referencias a novelas, cuentos, películas, pinturas, y otras obras artísticas. Al mismo tiempo, se verán también contenidos relacionados a los principales fundamentos del lenguaje audiovisual, y se abordará el análisis de obras teatrales contemporáneas.

El taller se propone fomentar la creación de guiones cinematográficos, obras teatrales, cuentos y novelas, en un incesante e intenso proceso de puesta en práctica y reflexión sobre los procesos de escritura.

Dirigido a personas con o sin experiencia en los ámbitos de la escritura teatral, cinematográfica y narrativa.

Lecturas que se tomarán como referencia en el taller:

Aristóteles, Poética.

Bartís, Ricardo, Cancha con niebla. Teatro perdido: fragmentos.

Barthes, Roland. Análisis estructural del relato.

Beckett, Samuel, Fin de Partida.

Bertuccio, Marcelo, Señora, esposa, niña, y joven desde lejos.

Bonizter, Pascal y Carriere, Jean Claude, El guión. Arte y técnica de la escritura para cine y televisión

Brecht, Bertolt, La ópera de dos centavos.

Brecht, B. (1949), Kleines Organon für das Theater, (Trad. esp. Breviario de estética teatral, Buenos Aires, La Rosa Blindada, 1963).

Brecht, B. (1957), Schriften zum Theater, Frankfurt, Suhrkamp. (Trad. esp. Escritos sobre teatro, Buenos Aires, Nueva Visión, 1983)

Chion, Michel, Cómo se escribe un guión.Comparato, Doc. Práctica del guión cinematográfico. Diderot, Dennis, La paradoja del comediante.Fernández Diez, Federico y Abadía, José Martínez, Manual básico de lenguaje y narrativa audiovisual.

Ibsen, Henrik, Casa de muñecas.

Kartun, Mauricio, 2001, Escritos 1975 – 2001, Buenos Aires, Libros del Rojas, UBA.

Müller, Heiner, Germania muerte en Berlín, Argitaletxe HIRU, Hondarribia, 1996.

Pavis, Patrice, Diccionario del teatro. Dramaturgia, estética, semiología, Ediciones Paidós, Barcelona, 1998.

Piglia, Ricardo. Tesis sobre el cuento.

Ubersfeld, Anne, Semiótica teatral, Ediciones Cátedra, Madrid, 1998.

Emociones

enero 13, 2013

Atardece. Salgo de uno de mis tantos trabajos, en el microcentro porteño. Me dirijo hacia el barrio en el que viví casi toda mi vida. El mismo al que no voy desde hace mucho tiempo. Es una tarde hermosa, fresca y ventosa: decido ir caminando. El recorrido me es por supuesto muy familiar: puedo hacerlo con los ojos cerrados. Sólo que la distancia que da el paso del tiempo me permite una perspectiva diferente, corrida de eje. Cuando ya la noche es una certeza, paso por la puerta del colegio en el que gasté mis años de la primaria y la secundaria. Como estamos a fines de diciembre, todas las luces del edificio, menos la de la portería, están apagadas. La cuadra presenta un aspecto casi totalmente silencioso. Sólo unas pocas personas que salen de un supermercado chino, hablando en voz muy baja, quiebran el silencio. La escuela de psicología social, que se encuentra en diagonal a mi ex colegio, también está muerta. No tengo ninguna nostalgia de ese lugar: yo no pertenezco a las instituciones, me digo. No nací para identificarme de ninguna manera con ellas. Estoy por llegar a la casa de mi tía, luego de caminar unas pocas cuadras más. Es su cumpleaños, justo el día después de Navidad. Quizás por eso en el barrio todo luzca tan lento, tan apagado. Quizás por eso yo me sienta tan cómodo, tan adecuadamente integrado al barrio de mi infancia. Ese mismo que siempre me resultó tan hostil. Una cuadra antes de llegar, paso por la puerta de la casa de mis padres. Dudo un momento, pero al final decido no entrar. Esa visita quedará para otro día. Ya son muchas las emociones por el momento, pienso, antes de seguir rumbo a lo de mi tía, quien ya desde hace unas horas me está esperando.