Pasado

Subo a la terraza. Me quedo mirando el cielo, al atardecer, y en un momento pienso: Esto que pasa, esto que está pasando ahora, es mi vida. Lo hago estrictamente conciente porque entiendo que ya no quiero que mi vida transcurra sin más, como un sonámbulo que ve pasar sus noches sin saberlo. Decido hacerme cargo, ser responsable de mí mismo. De algo que se podría llamar: mi felicidad. Y el silencio me viene a abrazar, como dice Guillermo Pesoa en una de sus canciones. Un rato más tarde, mientras sigo contemplando ese mismo cielo, oscurece. Veo surgir las primeras estrellas. Recuerdo lo que ya sabemos sobre ellas: miro su luz que se extingue. Quiero decir: las estrellas que vemos en el cielo ya no existen más. Su luz es sólo un souvenir del pasado. La distancia ocasiona que el tiempo se modifique. El viaje por el espacio se transforma en realidad en un viaje hacia el pasado. No vemos estrellas sino sus restos, sus cadáveres. Me pregunto si sería posible que ocurriera lo mismo con las personas. Si pudiéramos un día, como si nada, contemplar la luz que irradia quienes ya no están con nosotros. Escuchar sus voces dispersas en el aire que respiramos. Quizás sea ese tipo de experiencia la que nos brindan el cine y la fotografía. Y también, aunque de otra manera, la escritura.

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