Archive for 25 marzo 2013

Reestreno. AHORA

marzo 25, 2013

ahora 1

El sábado 6 de abril a las 20 horas reestrenamos la performance que venimos haciendo con Pablo Ciampagna desde el año pasado. Hay muy pocos lugares disponibles. Realizar reservas con anticipación a las direcciones de mail.

AHORA

(INTERVENCIÓN TEATRAL EN UNA
HABITACIÓN)

 Te busqué por toda la ciudad. Una noche bien oscura. No sé muy bien por qué, se me ocurrió doblar por una calle que no conocía. Una calle con niebla. Vi a un hombre en la esquina. Un hombre con un impermeable. Me preguntó si me pasaba algo.  Perdí el rumbo, eso fue lo que me pasó. Un día, de tanto caminar, perdí el rumbo. Empecé a deambular en círculos. A adentrarme por barrios que no conocía… Eso es muy peligroso en esta ciudad. Nunca lo hagan. Porque uno no sabe con quién se puede llegar a encontrar. Porque en el fondo todo espectador es siempre un cobarde o un traidor

INTERVIENEN

El gato Henry

Pablo Ciampagna

Maximiliano de la Puente

Trailer: http://www.youtube.com/watch?v=6aUM3ghhcbY

Reservas: todosquierenlagrimas@gmail.com 

      maxidelapuente@gmail.com

MIGRACIONES

marzo 24, 2013

Migraciones. Viajes. Desplazamientos. Devenir. Transformación. Movimiento. Cambio. Ahora soy una cosa, después soy otra. Ahora no soy nada, después soy todo. Todo lo que quiero ser. Todo lo que los demás quieren que sea. Un vacío. Un significante vacío repleto de deseos ajenos. Todo cambia. Se mueve. Se desplaza. Se mueve en otra dirección. Contraria a la deseada. Nos movemos. Nos modificamos. Nos movemos de un lado al otro. Como nos queremos tanto, no podemos hacer otra cosa que modificarnos. Manipularnos. El uno al otro. Nos transformamos. Somos otros. No nos damos cuenta, y de golpe, sin que nadie se entere, ya somos otros. Todo en nosotros se ha modificado para siempre. Irreversiblemente. De un momento a otro. Lo que teníamos hasta ese momento, queda abandonado. Todo lo que éramos es abandonado por nosotros. Nos desprendemos de nuestras pertenencias. Hacemos las valijas. Huimos. Dejamos en ese lugar que queremos abandonar más de la mitad de las cosas. No pensamos, en ese momento, cómo se sentirá su ausencia. Cuánto extrañaremos eso que ahora estamos abandonando. Nos vamos. Desaparecemos. Nos fugamos. Nadie sabe más nada de nosotros. Nadie se entera. Nadie nos extraña. Somos fantasmas de ese lugar que ahora dejamos. Y otra vez de nuevo. A otro lugar. A otra región. A otro planeta. A empezar de nuevo. En otro espacio. Donde nadie nos conoce. Donde nadie sabe quiénes somos. Qué hacemos. Qué pensamos del aumento de la mortalidad infantil y de los agrotóxicos. Flujo incesante que nunca se detiene. Ni siquiera de noche. Como el tráfico en las carreteras. Como los aviones en las azoteas. Flujo incesante que no para. Que nunca cesa. Primero movemos un pie. Después el otro. Y nuevamente el primero. Y una vez más el segundo. Y también movemos rítmicamente, los brazos y las cabezas. Y las rodillas, los muslos. Las pantorrillas. Y así, casi sin darnos cuenta, sin inquietarnos, caminamos. Somos capaces de caminar. De hacer camino al andar. Andamos lo suficiente para arrepentirnos. Para darnos cuenta de que así la cosa no va. No marcha. Nuestra meta nunca es la quietud, pensamos. Y ya otra vez volvemos a estar en movimiento. Nada nunca se detiene. Y no podemos parar. Y no queremos parar. Ya nunca más nos detendremos. Seguiremos marchando, con la vista al frente, la mirada clavada en el mismo punto fijo de siempre. La cabeza erguida. Y los hombros levantados. Siempre. Para contraernos. Para lastimarnos. Para nunca más dejar de movernos. Si freno, me muero. Los movimientos de nuestros cuerpos adquieren vida propia. Se independizan. No nos piden permiso. Perdón. Disculpas. No podemos ya frenarlos. No conviene que lo hagamos. O sufriremos, de ahora en más, las consecuencias. Atrofia. Decaimiento. Depresión severa. No podemos detenernos. Caminamos siempre en línea recta. Sin bifurcaciones. Sin desvíos concretos. Si te sigo, muero. Si te abandono, también muero. Por eso me quedo. Por eso hago todo lo posible por quedarme. Agoto todas las instancias. Trabajo de lo que sea. Pido monedas. Me arrastro, si es necesario. No consigo lo que quiero. Aunque las esquinas me pertenezcan, aunque tengan mi nombre grabado a fuego por haberlas recorrido tanto, por tanta historia vivida, debo irme. Me rechazan. Me expulsan. Me limitan. Me coartan la libertad de asociación, de expresión, de circulación, de ganar dinero. En este lugar me impiden ganar dinero. No me dejan. Entonces hago de nuevo las valijas. Me marcho. Rumbo a otra esquina. En dirección a otra fiesta. Donde me quieran. Donde me acepten. Donde me dejen ser solvente. Pero si te abandono, muero. Caigo fulminado. Lo sé. Me doy cuenta. No todo es cuestión de ganar dinero. No todo es cuestión de buena suerte. Pero lo que nunca puedo hacer, lo que no puedo ya permitirme, es detenerme. Culo inquieto. Culo con hormigas. Cuando me frene, envejeceré instantáneamente. Mi piel se agrietará. Mis labios se pasparán. Me volveré impotente. Ya lo soy. Ya soy impotente. Por suerte. Mi estómago se contraerá. Mis piernas, débiles, ya no soportarán el peso de mi cuerpo decadente. Me voy a caer. En cualquier momento. Es cuestión de días. De horas. De minutos. De uno en uno. El movimiento me rejuvenece. Milagro. La circulación me rejuvenece. Otro milagro. La sola inercia del movimiento sigue llevándome a otros lugares. Donde se visten de forma rara. Donde comen con la mano. Donde los perros son quizás los amos. Y ya de pronto, estoy en un aeropuerto. Y ya de pronto, estoy en medio de un rascacielos. Y ya de pronto, estoy parado en medio del desierto. En una avenida de Oriente Medio. Al lado de un elefante. O junto a un camello…

¿Migraciones? Migraciones. ¿Extraño? Me preguntan si extraño. Si, claro, por supuesto. Soy un extraño en este nuevo continente. Sí, claro, por supuesto. Extraño las esquinas, los bares, las botellas, la gente. Mucho menos. Pero algo. Algo queda. La rutina, que aquí es tan rara. Tan diferente. No pienso volver nunca más. No. Lo tengo decidido. Que se mueran. O que no se mueran, nunca. Pero que me dejen en paz. Que me dejen… Y ya entonces, volveré. Cuando nadie me quiera, cuando ya no me esperen, ahí estaré. Ya no conoceré a nadie. Ya nadie me conocerá a mí. Será como empezar de nuevo. Será como llegar a un nuevo continente. Sólo que nada, en el fondo, será nuevo…