Para el amigo Porrini

Si yo soy así, no es por culpa de las drogas. Si yo soy así, no es por culpa del alcohol.

Si yo soy así… no sé la razón. No sé el por qué. No sé cómo ni cuando llegué aquí. Nunca lo supe. No me lo contaron. No me lo dijeron. Jamás me explicaron. Nunca me enseñaron. Pienso, exijo, reclamo: El imperio nunca tuvo fin. Vivir sin ley, sin dios, sin patrón. Sólo busco la verdad que está en el gesto. El gesto instintivo, vital. El mismo que hago cada vez que no pienso. Cada vez que no me permito pensar. Las pocas veces que no lo hago. Me piden ejemplos de mi vida: no los sé, no los quiero dar, no puedo darlos, no los conozco. No sé qué diablos es mi vida. Se desarrolla en otra parte, al margen, en otro ámbito, lejos muy lejos de acá. Lo que yo hago no sirve para nada. No conduce a nada. No se obtiene ni se obtendrán jamás conclusiones definitivas de lo que yo diga. Busco que la potencia devenga en forma. Busco por todos los medios no ahogar el punctum. Busco activar un deseo, un proceso, actualizar un repertorio. Busco un deseo que se arrastra indefinidamente con su origen. Busco un vacío que no se puede llenar. No busques más, estúpido, me gritan ustedes. Eternamente necesitado, vivo de la palabra como de un recurso. Hago un tristísimo papel ante mis colegas. Y ahora me pregunto: ¿Quiénes son mis colegas? No sé quiénes ni cómo son, pero sí sé que tienen cosas para enseñarme. En cambio yo… ¿Para qué sirve entonces lo que yo hago? El eco lejano de un tribunal, un día cualquiera del año 399 de nuestra era, responde que efectivamente, no sirve para nada, y ese eco clama desde lejos contra mí: ¡MUERA!

Me piden que encarne una sola entidad, un solo mundo, un solo personaje. Pero yo soy múltiple, plural, diverso. En cada mañana hay una galaxia. En cada galaxia hay una mañana, pienso. El hombre vio un cementerio, donde el perro vio una mina de huesos: era el mismo lugar. Cada uno ve lo que quiere o lo que puede. La realidad es como la percibimos. Me llaman de cualquier manera. No tengo un nombre en particular. Hace mucho tiempo que abandoné ese deseo. Puedo incluso no llamarme. Estoy parado. Estoy sentado. Alguna vez estuve parado. Alguna vez estaré sentado en el futuro. En el presente hay algo que anuncia, que anticipa, que llama al futuro. La humanidad es también lo que aún no es, lo que de manera confusa intenta ser. Observo todo. Analizo todo. Ahora mismo ustedes me observan a mí. Algunos pocos. Quizás. Los que quieran. Los que puedan. Estoy en un lugar especial. Soy un lugar especial. Soy incluso cualquier lugar: indistinto, indiferente, aséptico. No importa cuál. No soy brillante, ni enérgico, ni mucho menos vigoroso. Soy sólo un discurso. Un discurso de mierda. Un discurso solo. Un discurso que propone: establecer aquí y ahora un conjunto de focos de deserción, de polos de secesión, de puntos de reunión. Para los que se fugan. Para los que parten. Un conjunto de lugares donde sustraerse al imperio de una civilización que camina hacia el precipicio. Se trata de darse los medios, encontrar la escala en la que puedan resolverse una serie de cuestiones que, planteadas individualmente, nos sumen en la depresión. ¿Cómo deshacerse de las dependencias que nos debilitan? ¿Cómo organizarse para dejar de trabajar? ¿Cómo establecerse fuera de la toxicidad de las ciudades sin, por otro lado, “irse al campo”? ¿Cómo detener las centrales nucleares? ¿Cómo hacer para no verse forzado a recurrir al triturador psiquiátrico cuando mi amigo se vuelve loco, ni a los medicamentos burdos de la medicina mecanicista cuando se pone enfermo? ¿Cómo vivir juntos sin aplastarse mutuamente? ¿Cómo recibir la muerte de un compañero? ¿Cómo arruinar al imperio? “La manifestación del capitalismo en nuestras vidas es la tristeza”, me dijo una amiga. Se trata de establecer las condiciones materiales de una disponibilidad compartida al goce. Porque yo puedo parecerles un adorno anquilosado, un pasatiempo de señorita de buena familia, porque no hago aviones supersónicos, porque trabajo en casa mientras como mermelada. Yo puedo ser todo eso y lo soy realmente, pero soy también ese momento en que el deseo que está en la realidad viene a sí mismo, ese momento en que la carencia que padecemos se nombra, y al nombrarse se transforma.

Me dan las llaves de la ciudad. No sé qué hacer con ellas. No creo que tenga nada que hacer. Para qué las quiero. Para qué me las dieron. Por qué no se las dieron, por ejemplo, a “Cacho” Castaña. O a Cecilia Pando. Como no las quiero, precisamente por eso me las entregan. Porque saben que a mí las llaves no me interesan. Y eso les da placer. Me dicen también que los chinos nos invaden. Cada mes sólo en la ciudad de Buenos Aires, abren dieciocho supermercados chinos. Hay un chino cada dos cuadras y media. Y yo qué hago con eso. No lo sé. No me interesa. Después me preguntan: ¿Tiene muchos hobbies diferentes? No. ¿Se detiene a pensar las cosas antes de hacerlas? No. ¿Tiene cambios de humor a menudo? Sí. ¿Alguna vez ha recibido elogios por algo que sabía que había hecho otra persona? Sí. ¿Es usted una persona conversadora? No. ¿Se ha sentido alguna vez “realmente miserable” sin razón? Sí. ¿Tiene la precaución de cerrar su casa con llave por las noches? Sí. ¿Es más bien una persona animada? No. ¿Es verdad que le molesta mucho ver sufrir a un niño o a un animal? No. ¿Prefiere usted dejarse llevar y disfrutar en una fiesta animada? No. ¿Cree usted que los planes de seguro son una buena idea? No. En las reuniones sociales, ¿tiende a mantenerse en segundo plano? No. ¿Tomaría drogas que pudiesen tener efectos extraños o realmente peligrosos? Sí. ¿Se siente a menudo amargado? Sí. ¿Alguna vez ha tomado algo que pertenecía a otra persona? Sí. ¿Disfruta haciendo daño a la gente que quiere? Sí. ¿Habla alguna vez acerca de cosas de las que no sabe nada en absoluto? Sí. ¿Prefiere leer en lugar de conocer gente? Sí. ¿Tiene enemigos que desean hacerle daño? Sí. ¿Diría que es usted una persona nerviosa? No. ¿Tiene muchos amigos? No. ¿Es usted alguien que vive preocupándose por todo? Sí. ¿Le importan mucho los buenos modales y la higiene personal? No. ¿Le preocupan las cosas horribles que pueden ocurrir? No. ¿Se considera alguien tenso e irritable? No. ¿Considera que el matrimonio es algo pasado de moda y que se debe acabar con él? Sí. ¿Se hace el canchero un poco algunas veces? Sí. ¿Se preocupa por su salud? No. ¿Alguna vez ha dicho algo malo o feo acerca de alguien? Sí. ¿Le gusta contar chistes e historias divertidas a sus amigos? No. ¿Tienen la mayoría de las cosas el mismo sabor para usted? Sí. ¿Se lava siempre las manos antes de comer? No. ¿Tiene casi siempre una respuesta preparada cuando la gente le habla? Sí. ¿Se ha aprovechado alguna vez de alguien? Sí. ¿Existe gente que sigue intentando evitarlo? Sí. ¿Se preocupa mucho por su aspecto? No. ¿Alguna vez deseó estar muerto? Sí. ¿Cree usted que la gente pasa mucho tiempo salvaguardando su futuro con ahorros y seguros? No. ¿Evitaría pagar impuestos si estuviese seguro de que nunca lo descubrirían? Sí. ¿Intenta no ser grosero con la gente? No. ¿Practica siempre lo que predica? No. ¿Le gusta cada tanto atormentar a los animales? Sí. ¿Le gusta que la gente le tenga miedo? Sí. ¿Deja para mañana lo que debería hacer hoy? Sí. ¿Cree que la gente piensa que es usted alguien muy animado? No. ¿Le mienten mucho? Sí. ¿Está siempre dispuesto a admitir un error cuando lo ha cometido? No. ¿Se sentiría muy apenado por un animal que ha caído en una trampa? No.

Hoy noté que mis manos ya no son las que tenía ayer. Simplemente cambiaron y no hay nada que yo pueda hacer: Nada que yo pueda hacer, pienso. ¿Cuántas veces más verás al sol resplandecer? Eso nunca lo podrás saber. Sólo cuida que en tus horas siempre brilles con él, me dicen. Me piden que hoy, acá y ahora, use ejemplos personales de la vida de Maximiliano de la Puente. Me dicen que lo conozco muy bien. Y no. No es cierto. Para nada. No sé quién es. Nunca lo supe. No quiero saberlo. Prefiero no llamarme de ninguna manera. Prefiero nunca ser un nombre. Apenas un murmullo, en una ciudad, que no sepa quién soy. Quién es. Quién sos. No podemos perder nuestro asombro ante las cosas, me dicen. Me digo. No debemos atarnos ante ningún tipo de convención ni de etiqueta. No podemos, no debemos, no sabemos, no queremos. No. Ni siquiera en facebook. Yo sé que nunca tengo ideas muy claras, y siempre poco tiempo para elegir, por eso elijo no mirar al pasado, cambiaré un poco, me alejaré de aquí. Paso las horas intentando encontrar las cosas que me mantienen despierto: La calle me invita a caminar: Voy a la Paternal a ver a mis amigos. Voy a la Paternal a verme. Me dicen que las relaciones entre los géneros y los transgéneros, quiero decir entre las mujeres, los hombres, los travestis, los queers, las lesbianas, los gays, los y las trans, etc., etc., .etc., deben ser totalmente desexuadas, sin erotismo, sin seducción, como si sólo fuéramos almas que se abren a un modo mucho más rico de vincularnos, sin querer poseer a nadie, teniéndonos todos. Y entonces pienso: Como ayer hoy no te ves muy diferente, tendrías que expandir tu mente. Perdimos nuestro tiempo, huyendo junto al viento, por eso hoy regreso al círculo vital, la luz del día nos quema, los hombres lo celebran, se muestran y escuchan su voz. Y si me encontrás en un tren, que mi cabeza va a seguir, preguntarás ¿por qué?… preguntarás ¿por qué?… Porque yo no tengo alma. No creo en las almas. No tengo tampoco filosofía de vida. No tengo ni siquiera una canción. No existe el silencio absoluto en el que busca refugio el estúpido, porque el mundo habla. De forma confusa, pero habla. Y porque ustedes mismos, lo quieran o no, van a continuar soñando. Yo creo, sí, en la potencia sagrada del sexo, del erotismo y de la seducción. Hay una sed que llama a los que asoman sus frentes, los árboles proyectan sombras como de mí, trepamos a los techos y la aurora está aquí. Si esto ha de ser así, despertaré feliz. Hoy miraba a la gente caminar, alguien pide bajar la velocidad, sin preguntas, el río busca la sal, canto de agua, risa en el brillo cenital. Si esto ha de ser así despertaré feliz…

Yo intenté explicarles hoy, acá y ahora, que ya no va a amanecer, y que sólo nos queda creer, que ya no hay nada de que temer.

Gracias.

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Una respuesta to “Para el amigo Porrini”

  1. Marcos Porrini Says:

    Qué palabras, Maxi. Complejo, profundo, atrevido, cargado de poesía y espíritu, tierno, generoso… Y cuánto me conmueve y enorgullece sentirme convocado por este texto. Qué lindo tenerte cerca, amigo muy querido

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