Mientras más estupidos los hombres son Menos los caballos los entienden (12)

ALQUILAR

Estas son algunas, sólo algunas, de mis opciones de vida. Las que manejo mientras todavía pueda pensar:

Me voy a desnudar y voy a salir a caminar. Voy a desertar. Me voy a París antes de que me quieran matar. Me voy a fugar. Me subo a un juego del Italpark antes de que lo quieran cerrar. Me encierro en mi casa y no salgo nunca más. Juego a las cartas todo el día, sin parar. Bebo litros y litros de bebidas blancas: ron, whisky y anís. Me agarro del pelo y no me lo suelto nunca más. Miro la tele en cualquier canal. Sólo en los días feriados. Trabajo, trabajo y trabajo, hasta desmayarme. Me divierto como un esclavo. Me juego los pocos pesos que tengo en los burros. Apuesto todo al ganador: rojo o nada. Me levanto a la mañana: trago todo el aire que pueda. A la tarde me voy a la plaza. A la noche le doy de comer a las palomas.

Golpeo las puertas de los vecinos. A ver si me abren. A ver si se esconden. A ver si creen que soy un vulgar delincuente. A ver si llaman al novecientos once. Les llevo una torta. Preparo un asado. Los invito a comer. Los puteo en la cara. Les pido perdón. Lloramos. Nos abrazamos. Nos encontramos jugando, toda la tarde, a la escoba al quince. O al Chinchón. Hay días en que me gusta el truco. Pero otros días no.

Mi vecino es justo un patriota. Un nacionalista. No un elemento extranjerizante como yo. Le encanta el mate y el dulce de leche. Le gusta pasear todas las tardes por el Obelisco. El Glaciar Perito Moreno le fascina. Y de las Cataratas del Iguazú mejor ni hablar. A mí en cambio París me puede. Como Roma no hay. Yo prefiero Milán. Me tomo un barco y estoy en menos de una hora en el Uruguay. En Montevideo. O en Carmelo. No: como Colonia no hay.

Me gusta incendiar. Prender fuego un bosque. Arrasar con los demás. Y después ver qué pasa.

¿Y qué va a pasar? ¿Qué te creés que puede llegar a pasar?

Soy el protagonista de un atentado. De un asalto. De un saqueo. De un solo tirón, afano una guarnición militar. Me llevo armas. Me llevo municiones. Me llevo cañones. Me llevo tanques. Me llevo tantos “fierros” que no me caben en los bolsillos.

Me fascina la ruleta. La quiniela. La lotería nacional. Los Reyes. El Gordo de Navidad. De Año Nuevo. Siete: todo a ganador. No: como el cero no hay. Voy a salir de pobre. Me encanta el veintiuno. Nunca pierde.

Blanco o negro. Hay que tomar posición. Hay que jugársela. O estás con ellos. O con nosotros. Acá no hay término medio. Yo no tolero a los pechos fríos. Ni a los nenitos de mamá.

Voy a dejar de trabajar. Voy a dejar de comer puchero.

No puede ser que todavía tenga que alquilar.

Soy todo esto. Y mucho más. Soy todo lo que vos no te atrevés a pensar. ¿Y quién carajo te creés que sos? ¿Cómo sabés, pelotudo, lo que pienso yo? Soberbio. Cínico. Mentiroso. Sabelotodo. Universitario. Chanta. Delincuente. Berreta. Rata. Académico. Regalado.

Tomar el té vestido de frac. Como un señorito inglés. A la hora de tomar el té. A las cinco en punto. Ni un segundo más. Ni uno menos.

Desnudarme, desnudarme, desnudarme. Desnudarme para desatarme. Ser rigurosamente social. Desatar mis trabas, mis dependencias. Cumplir con las normas. Ser uno más. Anclar toda mi vida a la opinión de los otros. De cualquiera. Del primero que pase por la vereda.

Desamarrarme por completo. Ser un descarriado. La oveja negra. Si todos van para un lado, Yo voy para el otro. No me interesa. No me importa. Lo que piensen los demás. Me juego todo a ganador. Es ahora o nunca. Y sin hacer preguntas. No me interesa nada más.

No puede ser. Aún no lo entiendo. No me cabe en la cabeza. Que todavía. A esta altura del siglo. Tenga que perder el tiempo. Yendo al baño. A cada rato.

No puede ser. No me cabe en la cabeza. Y eso que soy cabezón. Y eso que ya peino canas. Y eso que ya soy pelado. Y eso que ya soy jorobado. Por eso me resulta aún más increíble. Por eso todavía no puedo entender. No por ahora. Ni ahora ni nunca. No me cabe en la cabeza. Que a esta altura del partido. En pleno siglo XXI. No pueda vivir con quien quiera. Y siga existiendo el dinero. Y las expensas. Y los impuestos. Y los edificios. Y las ciudades…

No puedo creerlo. Todavía no lo entiendo. Que a esta altura de la vida. A mis cuarenta años. A mis quince años. En plena adolescencia. En plena niñez. En la avanzada tercera edad. Justo ahora. Cuando me estoy muriendo. De Sida. De Cáncer. De impaciencia. De Sífilis. De indolencia. De alguna enfermedad terminal. Cualquiera. No importa cuál. Usted póngale el nombre. Usted hágase cargo. Usted llame a mi madre. Usted encuentre algún responsable. Del virus. De la peste. De la gripe. De esta pandemia internacional. Usted dígame cómo. Explíqueme esta situación. Explíqueme cómo puede ser. Que todavía a esta altura. En pleno siglo XXI. Aún tenga que alquilar.

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