Mientras más estúpidos los hombres son Menos los caballos los entienden (13)

FAMILIA

Estoy en una habitación corroída, arruinada por el paso del tiempo. Las paredes, antes blancas, ahora se encuentran muy descascaradas, casi sin pintura ya. El cielo raso cayéndose a pedacitos en intervalos regulares. El piso de madera, hundido en muchas partes. Tablas resquebrajadas, que no resisten más la humedad.

En esta habitación, más larga que ancha, me recibe una familia. O lo que parece ser una familia. Contra una de las paredes, sobre un sofá cama, un hombre mayor, canoso, está acostado. Dormido o inconsciente. Parece enfermo y agotado: alguien que ha llegado al final de su vida. Como si estuviera ensayando para su muerte inminente. Dos mujeres jóvenes se ponen a charlar conmigo. Estamos en esa casa para asistir a la proyección de la película de un director norteamericano. El lugar funciona como cineclub. Para llegar hasta allí hay que atravesar, en auto o en colectivo, un camino muy largo. Un camino largo y poco transitado. Llego hasta una zona en donde la urbanización ya no existe más: todo es campo. Y abandono. Porque no veo a nadie. Sólo pura vegetación silvestre. En un desvío del camino asfaltado, empieza el sendero de tierra. La maleza creciente. Y la ausencia de gente…

Descubro que esa casa me angustia muchísimo. Me hace acordar a mi verdadera casa. No sé por qué, pero me retrotrae a mi infancia. A un olor de mi infancia, específico, particular, muy puntual, difícil de expresar en palabras. Un olor a humedad contundente, que lo impregna todo. Un olor a viejo. Está presente en esa casa, en ese instante, mientras estoy esperando para ver la película. De ahí mi angustia y mi deseo de irme de ese lugar lo más pronto posible…

Una mujer norteamericana entra a ver la película. Durante la proyección conversamos con el director, que está presente. El tipo resulta ser un caradura. Un hombre amable y divertido. Nos vamos a tomar una cerveza con él, de regreso en la zona urbana. Sin esperar a que termine su película. Eso no parece importarle en absoluto. Nos cuenta algunos detalles de su vida común y tranquila en el Medio Oeste de los Estados Unidos. Vida de familia. Es un hombre de unos cincuenta y pico de años. Nos despedimos. Y ya no recuerdo nada más…

Lo que más impresión me generó, lo que ha quedado fuertemente adherido a mi memoria, fue esa casa. Esa habitación. Y esa familia. El hecho de ver cómo ignoraban a ese hombre enfermo y moribundo. Y la sensación extraña de que esa gente era mi familia. Y que aquella había sido mi casa, en otro tiempo. Por más que yo no los reconociera. Ni ellos a mí tampoco.

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