Mientras más estúpidos los hombres son Menos los caballos los entienden (16)

SÍMBOLOS

No temer perderse, extraviarse, pero extraviarse solitario, buscar su ruta odiándose a sí mismo, tal vez, ¿no sería mejor eso que, alcanzar la famosa meta, el éxito, todo eso, con los otros, todos los otros?”. Jean-Luc Lagarce.

Ser radical para ir también en contra del conformismo de nuestra imaginación y nuestras vidas”. Susan Sontag.

Desarrollar un camino personal a tal punto, que uno mismo no sabe hacia dónde se dirige ni en dónde terminará. Odiarse a uno mismo por haberse forzado a seguir un camino semejante. El propio. El único posible. Una ética. Una estética. En el final de un camino transitado de esa manera, ética y estética se unen. Son inescindibles. Ésa es entonces la apuesta principal de la vida de una persona. De mi vida…

Aprender a perderse. Enajenarse. Extraviarse. No reconocerse ni siquiera uno mismo. No saber quién es uno. Ni qué es lo que estamos haciendo. Abandonar toda certeza: lo familiar, lo conocido. Aquello en lo que nos sentimos más seguros y confiados. Lo que nos da fuerza. Colocarse uno mismo en la más absoluta y desprotegida situación de debilidad. Mostrarse vacilante, indeciso, dubitativo. Indefenso. No saber qué camino tomar. E intentar todos los caminos posibles. A la vez. O alternadamente. Desconfiar de las etiquetas. No colgarse uno mismo, ni dejar que nos cuelguen, ningún cartel. Jamás. No saber qué contestar cuando a uno le preguntan a qué se dedica. A nada. A todo. Quién sabe.

Un camino que se recorre de manera personal y no social. Una forma de irse, de perderse, de desencontrarse individual. La única posible, no por exceso de individualismo, sino por y para realmente encontrarse con el otro, los muchos otros, que recorren un trayecto similar, análogo al propio, pero al mismo tiempo inimitable: que cada uno encuentre su propia pérdida, que cada uno se extravíe como mejor (o peor) le parezca. Que cada cual se desvíe como pueda. La comunión con el otro y con uno mismo. La restauración de lazos irremisiblemente disueltos.

Frente a una meta social, ante un punto de llegada plagado de otros, plantearnos exactamente lo opuesto: la soledad de la ruta a contramano de todas las variantes sociales. Me pregunto si es posible. Si la acuciante urgencia, (Usted póngale nombre: la economía, la enfermedad, los afectos, el dolor o el dólar), de la más actual de las actualidades, no se impone. Siempre. El aquí y ahora. Y ya no es posible, lamentablemente, este descentramiento. En ese momento, los hombres somos presos de los símbolos que nosotros mismos producimos.

Anuncios

Etiquetas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s