Mientras más estúpidos los hombres son Menos los caballos los entienden (28)

RECUERDO

Estoy en una ciudad extranjera. Un lugar rodeado de montañas bajas. Nadie me conoce. No conozco a nadie. Pese a que me resulta desconocida, esta ciudad me despierta algo familiar. Como si alguna vez, antes, hubiera estado allí.

Es un día gris, otoñal. Muy de vez en cuando asoma el sol. Me encuentro en la calle. Hay mucha gente a esta hora, bien temprano, caminando. No sé muy bien hacia dónde me dirijo. Busco a una mujer, aunque no sepa por dónde empezar. Voy hacia la estación de trenes. Me subo al primero que pasa. En su recorrido, el tren bordea la avenida más concurrida y céntrica de la ciudad. Cuando me doy cuenta de que puedo recorrer ese mismo trayecto a pie, me bajo. Salgo del andén y me encuentro con un centro comercial enorme, llamado: “Mis tres tías”. Me quedo mirándolo fijamente un largo rato. No sé por qué. Aunque nunca me gustaron los shoppings, ahora tengo la vaga sensación de que espero encontrarme allí con mi mujer. El tiempo pasa y nadie se me acerca. Emprendo entonces el camino de regreso. Tomo el tren. En el asiento de al lado, me topo con un antiguo profesor universitario, de quien fui alumno. Es un hombre de barba gris y panza prominente. Me saluda y comenzamos a hablar. Parece saber mejor que yo por qué estoy allí y a quién vine a buscar. En esta oportunidad, el viaje en tren es mucho más largo que la vez anterior. A una indicación suya, nos bajamos en una de las estaciones. El me guía, yo lo sigo. El profesor comienza a hablarme de una mujer: la misma a quien estoy buscando. Es su alumna y también su hija. Como por arte de magia, la mujer aparece de improviso. Se suma a nuestra caminata. Nos dirigimos los tres hacia una casa antigua. Entre ella y yo parece haber una relación muy familiar, fluida, cercana. De inmediato nos ponemos a charlar y a contarnos nuestras cosas. Incluso en los silencios, nos sentimos cómodos. Sólo recuerdo que ella es un poco más baja que yo. Y luego nada más. Fluye una energía muy intensa entre ambos. Tanto que sentimos que el profesor, que camina adelante nuestro, nos molesta. Me siento pleno. Sé que encontré lo que había venido a buscar. Cuando llegamos a la casa y entramos, el profesor desaparece de improviso. No lo vemos más. Su figura se pierde por uno de los tantos pasillos y recovecos de la casa. Es un lugar enorme, con muchas habitaciones, techos de chapa y paredes descascaradas. Caminamos hacia el fondo, en donde hay un baño. La ducha se encuentra abierta. El agua corre fluidamente, cuando nosotros llegamos. La mujer me pregunta por qué dejé la canilla de la ducha abierta. No sé qué responderle. Tengo la sensación de que nos estaban esperando. Entramos al baño. Nos desnudamos con naturalidad. Sin temor al cuerpo del otro, pero con la rapidez que impone el deseo. Comenzamos a bañarnos juntos. Nos enjabonamos. Hacemos el amor como bestias, hasta agotar nuestras energías por completo. Ella se sube a horcajadas, la levanto levemente, haciendo fuerza con mis piernas. Quisiera no terminar nunca. Quisiera permanecer allí, para siempre, en ese baño…

Aún conservo el recuerdo de su cuerpo húmedo sobre mí. Va a permanecer conmigo hasta que me agote, o me muera.

Anuncios

Etiquetas: , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s