Mientras más estúpidos los hombres son Menos los caballos los entienden (31)

EL BOLSÓN

Me pregunto cuándo se deja algo definitivamente atrás. Cuándo podemos decir que un hecho –especialmente uno negativo- o una serie de hechos, no nos afectan más.

Por qué las cosas nos siguen afligiendo. Hasta el punto de llegar a ahogarnos a veces. Conductas que creíamos erradicadas, reaparecen. Obsesivamente.

Anoche, pensando en lo que voy a hacer en los próximos meses, me quedé sin dormir. Me levanté de la cama y caminé un rato por el pasillo. Eran las seis y media de la mañana. Amanecía. Me pareció una estupidez. Quedarme sin dormir por eso.

Y recordé un amanecer en El Bolsón. Con una sensación completamente opuesta a esa. Asombrado ante el paisaje que veía por el balcón del hostel en donde estaba hospedado, no me podía dormir. Amanecía también. En aquel verano de quién sabe cuántos años atrás. Disfrutaba no poder dormir. Agradecía ser testigo de semejante paisaje. A esa hora, cuando todo estaba quieto y callado.

A veces, los mismos gestos retornan. Sólo que con signo diferente. El insomnio en este caso. Lo que aquella vez fue relajación y goce. Anoche era preocupación y planes de lo que vendrá.

Quizás nada se deja nunca definitivamente atrás. Quizás todo permanece en nosotros. Sólo lo dejamos atrás cuando pasamos a ser historia. Nosotros mismos. Y entonces recordar el pasado se vuelve una actividad de otros. O de nadie. Dependerá del alcance de la anécdota. Y de los que aún permanecen acá. Recordando.

Me pregunto si habré hecho bien. Nadie lo sabe. Por eso quizás sea una pregunta vacua. Sin sentido. Inútil seguir indagando en lo que no tiene respuesta. Quizás no quiero una respuesta. Quizás sólo quiero seguir indagando. Porque sí. Porque me gusta. Porque no quiero nada más. No quiero que nadie me dé lo que no puede ser dado. Respuestas, en este caso. Quién las quiere. Quién las necesita. Porque si no nos seguimos preguntando, si no buscamos algo, no importa qué, entonces qué vamos a hacer.

No me considero una persona enferma. No más que otros, a decir verdad. Me gusta gozar de la vida. Disfrutar de todo lo que haya para disfrutar. La etapa masoquista hace ya mucho tiempo que la atravesé.

Algún día, quizás las cosas que nos hacen daño dejen de molestarnos. Y por más paradójico que suene, no quiero estar presente cuando eso suceda.

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