Mientras más estúpidos los hombres son Menos los caballos los entienden (35)

REVOLUCIÓN

Escucho en la radio que la palabra “pornografía” es etimológicamente la puesta en imagen (en video, en cine, en escritura) de la prostitución. “Pornografía” viene del griego “pornographos” (πόρνη (porne), “prostituta”, y γραφή (grafe), “escritura”. Significa literalmente entonces “escribiendo sobre prostitutas”.

El problema de la sociedad con la pornografía es el de como esta sociedad tramita su sexualidad. El conflicto que nuestra sociedad tiene con su sexualidad es una cuestión moral, al igual que con el travelling cinematográfico, como sabiamente dijera Jean Luc Godard. Nos caracterizamos por tener vidas apáticas, mediocres, sumisas e hipócritamente moralistas. En nuestro entorno, el sexo funciona con la misma lógica de la revolución: sólo nos excita, nos interpela, nos compele a la acción, cuando lo vemos en la pantalla, en una imagen proyectada. Si los detractores del cine pornográfico lo acusan a éste de no tener una propuesta estética contundente, lo mismo puede decirse del cine político, que en la mayoría de sus películas tampoco la tiene. El primero sería así tan panfletario y unidimensional como el segundo.

El problema de la sociedad en relación al sexo es rotundamente moral. Podríamos preguntarnos por qué en nuestra cultura la sexualidad terminó confinada a lo privado, así como también ausente de la esfera pública. No me refiero con esto a la carencia de imágenes sexuales en la vía pública o en la arena mediática, que abundan en exceso, sino a su deliberada ausencia en la práctica: no vemos a nadie teniendo sexo en las calles, a la vista de cualquier transeúnte. La sexualidad pierde así su capacidad política, es decir pública, mientras que lo político pierde al mismo tiempo su aptitud para modificar la esfera privada. Se sabe: la revolución sucederá adentro y afuera de los hogares, así como adentro y afuera de los pantalones y las polleras, o no tendrá lugar jamás. Y la sexualidad sólo será libertaria cuando las energías disruptivas que pone en juego se extiendan a todas partes, incluyendo las plazas, las verdulerías, las farmacias y los centros comerciales…

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