Mientras más estúpidos los hombres son Menos los caballos los entienden (37)

ESTÚPIDO

Es sábado por la noche. Voy al teatro. Veo Agamenón. Volví del supermercado y le di una paliza a mi hijo

Las cosas habituales. Los lugares habituales. Las personas habituales. La vida de mierda. El teatro como una auténtica bomba de tiempo, dispuesta a hacer saltar todo en pedazos. ¿Y si hoy nos levantáramos y nos animáramos por fin a destrozarlo todo? La cultura como regla instituida que atenta contra el estado de excepción. La vida. El arte. El arte de vivir. La muerte del arte de vivir. Jean Luc Godard. Bugs Bunny. El Pato Lucas. Silvestre. Tweety. Porky. “La regla: los cigarrillos, la televisión, la computadora, las remeras, el turismo, la guerra”. Tantas personas viven tan mal. Tantas otras, mueren tan bien. Agarrar las bolsas del supermercado y reventarlas contra el piso de una buena vez. Volver del supermercado y pegarle sin dudar una buena paliza al propio hijo. A ese que tanto amamos. Al preferido. Una paliza amorosa, sangrienta, sudorosa y terrible. Parar de golpearlo justo antes de tener que llevarlo al hospital. No vaya a ser que se meta el Estado en donde no le corresponde. Explicar El origen de la tragedia, valiéndose de alitas de pollo frito en un local de Mc Donald´s, adonde el protagonista de esta obra ha llevado a su familia a celebrar. Señalar pedagógicamente que ya no hay esperanza. No puede haber esperanza: ni en Mc Donald´s ni en ninguna otra parte. La tragedia lleva incorporada en sí misma, en su propio pathos, tantos Mc Donald´s y tan pocas lunas plateadas…

Siento que esta compleja y radical apuesta teatral me lleva a lugares incómodos. Me deja sin aliento. Me destroza. Me descoloca como nunca. Me interpela como ya el teatro, ni tampoco la mayoría de las expresiones de esta cultura agonizante, no sabe hacerlo. Hace tiempo que el teatro ha perdido la capacidad de por lo menos molestarme. Esta obra es revulsiva porque me deja completamente desnudo. Me deja sangrando por la herida, convertido en una masa de carne, tejidos y huesos. Me hace ver aquello que siempre sospeché, pero que nunca me atreví a afirmar en voz alta: soy un estúpido animal que abono todos los días la destrucción de un entorno que no se soporta más tal cual está. Que ya ha estallado para siempre. Soy estúpido sólo por pertenecer a la especie humana. Soy un Homo sapiens, ergo: soy estúpido. Es entonces cuando recuerdo las sabias palabras del poeta: “Mientras más estúpidos los hombres son / Menos los caballos los entienden”. Y no puedo más que quedarme extasiado frente a tal maravillosa verdad revelada…

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