Mientras más estúpidos los hombres son Menos los caballos los entienden (52)

TODO COMIENZA HOY

Es el primer momento. La primera vez. Nunca viví nada como esto antes. No tengo con qué compararlo. No hay parámetros para mí. No sé que pensar. Qué decir. Qué hacer. Cómo actuar. Estoy atónito. Shockeado. Me acaban de avisar que tengo que asumir esa responsabilidad. No sé cómo voy a reaccionar. ¿Podré hacer lo que prometí? Me lo prometí a mí mismo. No puedo decepcionarme. No ahora.

Sería terrible. Tengo que caminar. Me va a hacer muy bien caminar. Tengo que poner distancia. Es imprescindible no asustarse. No puedo mirar hacia atrás. Ya no. La vista bien fija al frente. Y a bancarnos la que venga. Que sea lo que tenga que ser. Asumamos la tarea con coraje.

Si miro hacia atrás me enfermo. Este pasado me da asco. Quiero cambiarlo. Tengo que cambiarlo. Tengo el poder para hacerlo. Nadie más que yo tiene ese poder. Es ahora o nunca. Lo sé. Sé que si no me equivoco, las cosas van a ser distintas. No sólo para mí. Sino para todos los que están a mi lado. Y también para los que están con los otros. Si fallo, ya no habrá vuelta atrás.

En el pasado, queda el horror de haber pertenecido a una época que sólo generó ruinas. No puedo ver nada más que negro. Si miro hacia atrás. Nada nos redime. Nada nos salva. Somos culpables por no haber saltado antes. Por no haber tenido empatía con los demás.

Cómo voy a ordenar esto. Cómo pienso poner orden en medio de mi confusión. No lo sé. No sé si pueda hacerlo. Quizás no sea capaz. Quizás yo sea, después de todo, un cobarde. Un inmoral. Y un mentiroso. Los otros confiaron en mí. Todos los días pienso que se equivocaron muy feo. Hicieron muy mal. Lo arruinaron todo. No entienden que no pueden confiar. No solamente en mí. En nadie. No hay que confiar en nadie.

Estamos en blanco. Frente al negro del horror del pasado, el color blanco se impone. Empezamos de nuevo. De cero. Como el escritor frente a la página en blanco: lisa, sin arrugas, inmaculada. Sin las manchas del mate cocido. O del café, que se derrama. Y la página en blanco pasa a ser por ese acto, una página manchada. Por el esfuerzo del que quiso hacer algo y no pudo. Del que buscó trascender los lugares comunes, pero no lo logró. Nunca jamás lo logré. No pude. Quise hacer tantas cosas, que al final no hice nada. Me quedé en blanco. Blanco de ideas. De sentimientos y pensamientos. Blanco pálido.

Si me pongo a pensar qué fue lo que hice mal, tendría que decir muchas cosas. Tantas, que no caben en este espacio. Mentir. Engañar. Falsificar. A mí mismo. No tengo redención alguna. Es cierto. Soy culpable de delitos cometidos contra mí. No tengo palabras que demuestren mi inocencia. Aunque sí mi arrepentimiento. Pero con arrepentirse sólo ya no basta. El daño está hecho. El mal ocasionado es inmenso.

¿Se puede medir acaso el daño individual? ¿Y el colectivo? ¿Hay alguna forma de frenar lo inevitable? ¿Se puede retroceder al pasado y cambiar lo que se ha hecho?

He tomado decisiones clave. Determinantes. En las más importantes siempre me he equivocado. No tengo temor de decirlo. Ni pienso tampoco en perdonarme. Intento no pensar. Ese es también, después de todo, un sueño vano. Sólo soy libre cuando sueño. Ahí es cuando me libero de mis pecados. ¿Existe cosa semejante? Los pecados, quiero decir.

No lo sé. Algo me atormenta, sin embargo. Aunque no sé muy bien qué. Quisiera llorar. No sé si es el momento indicado. Pero no importa. Es el dolor el que me impulsa. No la oportunidad.

Sé exactamente qué es lo que me atormenta. Es el error. La persistencia absurda en el errar. Estoy enfermo. Mi enfermedad consiste en haberme equivocado tanto. Y en seguir haciéndolo sin importar las consecuencias.

No me interesa el dinero. No me va a sacar de esta situación. Mis problemas no se arreglan con billetes. No me confundo ni me pierdo en las voluptuosidades que ofrece ese valor de cambio.

Qué es lo que busco. Adónde quiero regresar. Me busco a mí mismo. Tal como era hace unos meses. Ingenuo. Inocente. Imbécil. Si me encontrara otra vez en esa situación, volvería a hacer lo mismo. No cabe otra posibilidad. No sería yo sino. No amaría tanto mi destino. Por más que sea tan trágico. Haría exactamente lo mismo. Amaría a los mismos que amé. Viviría la vida con la misma intensidad. Lo intentaría al máximo. Después quedaría rendido. Y exhausto. Exactamente igual que ahora. Sin posibilidades de recuperarme. Totalmente entregado a mi suerte.

Algo tiene que pasar. Algo está por pasar. Algo. No sé exactamente qué. Ni cuándo. Es cuestión de tiempo. En cualquier momento. Ya. Espero poder descansar después. Espero ya no desear. Nada más.

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