Diario de los casi 40 años (4)

yace

El recuerdo de hoy me lleva directamente a febrero de 2006. Un momento importante en mi vida, fundamental, decisivo. Al menos así lo veía yo en ese momento. Ahora a la distancia, todo me parece mucho más relativo. Un momento casi nimio, para nada dramático ni apasionante.

Pero en ese momento, a punto de estrenar mi segunda obra como director en el Teatro del Pueblo (algo que ocurriría en abril de ese mismo año), mis expectativas estaban en el cielo. No tenía límites. Quería todo lo que era posible lograr y más aún. Sentía que tenía algo contundente y urgente para decir. Y nada ni nadie podía ni iba a pararme.

Así me sentía yo, a los treinta años, muy cerca ya de mis treinta y uno. A pasos del estreno de “Yace al caer la tarde”.

En ese contexto tuve la fortuna de toparme con Menelao, un gran actor, de origen albanés, que atendía un maxikiosco enfrente del teatro Calibán de Norman Briski. Esta es la segunda vez que escribo sobre él. La primera la encuentran en: http://yacealcaerlatarde.blogspot.com.ar/2005_12_01_archive.html bajo el título: “El verdadero extranjero”.

Y es que nuestro encuentro, cuando fuimos a verlo junto con Mariano (uno de los actores de la obra), fue tan intenso, quedó tan grabado en mí para siempre, que quizás seguiría escribiendo sobre él una y mil veces más. Porque escribirlo es una forma de pensarlo, de no olvidarlo, de recordar esos increíbles momentos que compartimos juntos.

Menelao compartió con nosotros, dos desconocidos para él en aquel momento, sus emociones, sus pasiones, sus deseos, sus dolores, sus frustraciones, sus amarguras, sus alegrías. Cuando una persona hace eso con otra, yo no puedo más que celebrarlo. Es un regalo. Una gema preciosa, un instante de vida plena, que él se decidió a ofrecernos. Cuando me encuentro con momentos así (porque no se planean sino que uno se topa con ellos, como cuando nos chocamos contra una pared sin fondo ni fin), siento que no viví en vano. Que recogí experiencia. Que el encuentro con otros deviene en una obra de arte.

La historia de Menelao llegó a ser muy conocida en el ambiente teatral. Fue uno de los actores más importantes en la historia del cine y del teatro de Albania (o él era eso o pega en el palo, pero quienes conocieron su historia saben que no exagero para nada), fue también un notorio funcionario cultural durante la época comunista, en aquel país del Europa del este y un gran poeta. Emigró hacia la Argentina allá por el año 93 o 94, escapando del hambre y de la desolación que diezmaba al país por la guerra civil, tras el fin del comunismo. En ese momento su vida cambió completamente. Escapó del capitalismo salvaje de Albania, pero justo vino a toparse con el neoliberalismo menemista. “En tiempos de Menem como extranjero yo vivía mejor. Pero era trampa. Es verdad que él era artificial, ¿no?”. Fue lo que nos dijo en uno de estos encuentros, en los que le enseñaba a Mariano algunas palabras en albanés, mientras se reía pícaramente.

Menelao nunca llegó a ver nuestra obra en el Teatro del Pueblo. No podía, tenía que trabajar largas horas en el maxikiosco. Alguna que otra vez fui a visitarlo, muchos años después. Se acordaba de mí instantáneamente, apenas me veía.

En su español un tanto duro pero perfectamente entendible, nos dijo frases tan elocuentes como: “La intranquilidad que me da el capitalismo… Este tipo de capitalismo vulgar…”

Socialmente estamos esclavos de los ricos. Yo acá es mentira que hago show, que vendo algo. Son impagables estos alquileres. Así pierdo cosas de mis metas, de arte, de talento… Míos… No puedo. Todo el día pienso cuánto entró, cuánto tengo que pagar… Cuestión de desastre. De suicidarse…”.

Menelao murió hace más de un año. Aquellos encuentros que tuvimos con Mariano y con él, fueron grabados, y algunas partes fueron tomadas por mí para construir el discurso coral de esa obra mía tan enorme, épica y desmesurada que es Migraciones.

Al final de la presentación del libro, en el Matienzo en marzo del año pasado, le dediqué unas palabras de agradecimiento.

Y me gustaría ahora, antes de terminar con esta entrada emocionalmente desbordada, hacer lo mismo. Decirte: gracias Menelao. Gracias por aquellos momentos en tu maxikiosco, en el bar de San Telmo, un mediodía de un sol tan intenso, en aquel lejano febrero de 2006, cuando yo aún soñaba con convertirme en un director respetado dentro del teatro porteño. Cuando Mariano y yo nos quedamos atónitos escuchándote hablar. Todavía estamos ahí, nosotros tres. Siempre vamos a estar ahí, en ese bar de San Telmo. Siempre vamos a estar escuchándote.

Anuncios

Etiquetas: , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s