Diario de los casi 40 años (9)

baby sleeps on his hand

La imagen es una fotografía tomada el mismísimo 8 de mayo de 1975. El mismo día de mi nacimiento. Apenas unas horas, minutos, segundos, instantes después de haber ingresado en las puertas de este mundo. En la foto se la ve a mi mamá muy joven aún, (como nunca la llegaría a conocer y a recordar en mi vida, porque por algún extraño motivo uno siempre recuerda a sus padres como padres, es decir como adultos, como viejos, como seres responsables muy distintos a uno, hasta que yo mismo me voy poniendo viejo, como ahora, y me descubro muy parecido a ellos, sólo que no puedo darme cuenta del todo, porque es imposible que me vea desde afuera de mí), y a mí, un bebé envuelto en alguna ropa blanca, blanquísima en realidad, de ese tipo de blanco que duele en los ojos al verlo bien fijamente.

Mi mamá mira directamente a cámara. Se la nota muy feliz, aunque cansada. Y eso que todavía no tenía idea de todos los disgustos que le sobrevendrían conmigo. Pero en ese momento todo era promesas, felicidad, placer. Yo era joven, muy joven, como nunca después, y por supuesto como todo joven, era totalmente inconsciente ante el porvenir.

En la foto, de un contrastado blanco y negro, se nos ve sólo a ella y a mí. Lo demás está aislado. Como si el entorno no existiera o se hubiera evaporado. Estamos en la maternidad del Hospital Italiano, el lugar donde nací. El lugar al que nunca más regresé. Pero al que alguna vez, pienso ahora, debería hacerlo. Regresar ahí. Para intentar reconstruir qué fue lo primero que vi en este mundo al que vine a caer, casi sin proponérmelo.

Sé también por relatos ajenos a mí, que mi primer pediatra era un médico japonés. En algún lado, en algún documento importante, se encuentra aún su firma.

Cuando cumplí 20 años mi mamá, que hasta ese momento había custodiado firmemente la foto, me dijo que desde ese instante yo debía hacerme cargo de ella. Ahora te corresponde a vos cuidarla. Ahora es tu responsabilidad, ya sos grande.

Así que desde ese momento yo soy el principal y único custodio de esa foto, la primera que me sacaron en mi vida. Una foto que volví a contemplar, luego de muchos años de no darle pelota, hace unos tres años, en mi (en ese momento) nuevo hogar de La Paternal.

Contemplar esta foto me lleva a preguntarme cuál será la última. Cuándo tendrá lugar, en dónde, con quién o quiénes estaré. En el comienzo hubo una imagen, en el final quizás, sólo haya palabras. Texto. Escritura. O no. Imposible de saberlo. Pero es una hermosa aventura conjeturar sobre eso.

Lo único que sé es que si hubiera en el futuro alguna foto, mi última foto, yo posaría para la cámara de manera inconsciente. Casi como dejándome ir. Como no sabiendo lo que me espera. Como si esa foto me fuera arrancada, cerrando de esta forma el círculo que se abrió con aquella primera foto del 8 de mayo de 1975. cuando todo estaba por hacerse. Cuando yo me encontraba en juego. Cuando yo, como ahora, exactamente igual que ahora, no podía ser otra cosa que una gran incógnita para mí. Un mundo a descubrir.

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