BIS ZUM BITTEREN ENDE

hosen en san telmo

Balcarce y México, justo en la esquina. Debajo de un negocio en el que se lee el cartel: FRODOS. Allí, por delante, sobresale hoy (porque siempre fue, es y será hoy para mí), domingo 24 de mayo de 2015 a las 15 horas, una hermosa y muy usada bandera con letras blancas y fondo negro: BIS ZUM BITTEREN ENDE. DIE TOTEN HOSEN.

Sí, aunque parezca una película de ciencia ficción, o el maravilloso sueño de un precioso trasnochado, allí se encuentran Campino y nuestros amigos, para regalarnos casi una hora de un concierto inolvidable, legendario y esperanzador, que ubica a la banda, por si hiciera falta algo más, en el lugar más destacado de la historia del punk rock en Argentina. El espacio público sensacionalmente tomado por hordas de punks de todo tipo, tamaño y color. En los edificios de enfrente, jóvenes, nenes e inclusive jubilados asomados a los balcones, siendo testigos de semejante jornada histórica (a partir de ahora, este día y no otro debería ser declarado feriado nacional), sin querer perderse ni un segundo de este momento aurático e inolvidable.

Antes y después, (y hasta el fin de nuestros días, en las imágenes afecciones que nos acompañarán hasta cuando ya ni siquiera tengamos memoria), flashes, emociones, cuerpos, reencuentros, revoluciones, que dan cuenta de lo que realmente pasó, de lo que todavía ahora ni siquiera podemos creer que ocurrió, para quienes allí estuvimos (estamos y estaremos siempre anclados en esa esquina, que desde este momento nos pertenece por derecho propio y muy especialmente por prepotencia de trabajo, pasión y coraje): Campino subiéndose a los parlantes y dejándose caer (y atrapar) sobre la gente; Vom, en otro momento, también sobre uno de los parlantes, feliz de la vida, cantando “Rockaway Beach” de Los Ramones, mientras un muchacho del público toca la batería; centenares de personas saltando y gritando, agitando y agitándose, sacudiendo el cuerpo y el alma, deviniendo una comunidad enorme, un grupo (solo por un instante de comunión) homogéneo, compacto y extraordinariamente bello en lo general y en lo particular, en su unidad y en sus diferencias, que se desliza y se desplaza, que vive, respira, se mueve y palpita, lleno de gozo, que fluye, se asombra ante semejante regalo, que va y viene, al ritmo de “Días como estos” (versión local de “Tage wie diese”), “Auswärtsspiel”, “Blitzkrieg Bop”, “Wünsch dir was” y tantos otros temas.

Y ya hacia el final de la tarde sentimos que todo lo dicho, cantado, gritado, sentido y pensado, es absolutamente cierto. Ya nunca caminaremos solos, no puedo dejar de pensar, mientras me abro el abrigo para contemplar mi flamante remera negra de los Hosen, que además del clásico esqueleto, tiene la inscripción “BIS ZUM BITTEREN ENDE” (“Hasta el amargo final”), y deambulamos todos juntos por “las callecitas de mi San Telmo”, justo un rato antes de que el sol se oculte.

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