Hechos que acarrearon el final de las compasiones respectivas (1999)

Personajes:

ELLA: UNA CULPABLE IMPIADOSA

ÉL: UN EXTRAÑO INSOLENTE

1.

El lugar es una habitación blanca, completamente vacía, con una ventana sin cortinas. ELLA tiene en su mano derecha una amplia camisa negra. Está apoyada sobre una pared de la habitación. Se acerca hacia el centro, adonde está ÉL. Quedan cara a cara, se miran por unos instantes. ELLA le pone la camisa negra a ÉL y se la abotona hasta el cuello. ELLA se da vuelta y queda de espaldas a ÉL y de frente a la ventana.

ELLA: Es insolente. No me ayuda ni me contenta. Quiere salirse siempre con la suya. No le gusta el agua. Es inoportuno, impertinente, inquieto, curioso, desalmado. Se queja siempre. A veces come, otras no. Pero nunca, nunca sonríe. Estoy harta. Me enferma. Necesito descansar.

ÉL: ¿Le dijo alguna vez todo esto?

ELLA: Cuando intento sacar el tema me mira mal, con odio, con rencor. Se siente miserable. No me lo dijo nunca, pero lo sé. Ayer, mientras hacía la cama, lloró.

ÉL: No pude dormir anoche. Me molesta la herida. No me deja dormir de costado. La veo de noche, al lado mío. Cuando era chico, jugando, me arañó. Ahora, de grande, la acaricio. La perdoné. Después de todo fue un accidente. Pasó hace mucho tiempo.

ELLA: ¿No está enojado?

ÉL: Lo estuve. Ahora ya no. Peino canas, no necesito enojarme. Mi sola presencia impone respeto. ¿Me entiende?

ELLA: Yo no puedo lograr que me respete, que me acompañe en mi dolor. Es egoísta, malcriado, estúpido. Se viste muy mal. Usa combinaciones extravagantes, ridículas. Quiere llamar mi atención.

ÉL: Cada noche es un martirio. Todas las posiciones me incomodan. Mis músculos se atrofian. Las sábanas se me pegan al cuerpo. Doy vueltas y vueltas y no dejo de pensar y de recordar. Me tranquilizo, me levanto, voy al baño y tomo una aspirina con agua, si me duele la cabeza. Vuelvo a acostarme. Trato de nuevo. Pero no puedo. Siempre me pasa lo mismo. Me enerva, me molesta.

PAUSA. ELLA cesa de mirar a la ventana, se da vuelta, lo mira directamente a ÉL por un instante, y luego se va. ÉL, al verse solo en la habitación, abre la ventana, se desabotona la camisa, se la saca y la tira por la ventana. Luego se sienta en un rincón. ELLA reaparece llevando consigo, enrollada en su mano derecha, la camisa negra que ÉL había tirado por la ventana.

ELLA: No le interesa mi trabajo, ni mi condición actual, ni las situaciones humillantes que día tras día debo soportar. Cree que fabulo, que invento. Usted es el impostor, no yo. Mi sufrimiento es sincero, el suyo es impostado, artificial, afectado.

ÉL: Le ruego me disculpe si di una impresión tal, pero en las presentes condiciones trabajar con usted me es imposible.

ELLA: No se emocione, no le he hecho ninguna oferta aún.

Silencio.

2.

Es de noche. ELLA no está. ÉL está acostado sobre el piso de madera de la habitación. ELLA entra, lo ve acostado a ÉL y golpea las tablas del piso con el pie derecho. ÉL se levanta.

ELLA: Señor, es hora de que se marche.

ÉL: ¿Y su oferta?

ELLA: Ya llegará.

ÉL: Hágamela ahora, no puedo irme a ningún lado.

ELLA: Lo siento mucho. Ahora no es posible.

ÉL: Pero por mi condición usted comprenderá…

ELLA: Su condición no me interesa en lo más mínimo, ¿me entiende? Aquí lo único que cuenta es mi oferta.

ÉL: Usted no me hizo ninguna oferta.

ELLA: Los plazos se acortan, el tiempo apremia. Pronto recibirá usted una gratísima sorpresa. Pero por ahora es preciso que hagamos mi voluntad, ¿comprende?

ÉL la mira por un instante y luego se marcha.

Silencio.

3.

ÉL está solo, parado en el medio de la habitación. Se dirige a público.

ÉL: Lo conozco, sé de quién habla. Come poco, es cierto, pero más de lo que ella cree. Es alto, demasiado grande para los de su clase. Sonríe poco, no tiene muelas. No pudo dormir nunca más desde el día en que ella lo encerró en su habitación. Allí descansa ahora. La odió por eso. Ella es la responsable. Desde el principio le tuvo miedo. Entrevió su crueldad, su carácter hosco, sanguinario, sombrío. No tuvo compasión, por eso lo encerró. Creyó que la iba a atacar, que se iba a volver contra ella. Fue una estúpida. No comprendió que era inofensivo. ¿ Acaso se puede tener miedo de una criatura semejante?

Silencio.

ÉL: Ahora, de noche, duerme, descansa. O al menos lo intenta. La perdonó. Fue un accidente. Pasó hace mucho tiempo. Pero ella no olvida.

Aparece ELLA, llevando una soga gruesa enrollada en su mano derecha. ÉL, al verla, retrocede.

ÉL: No me interesa su oferta. No la quiero. Tengo miedo.

ELLA: No sea maricón. Es una pavada. En cuestión de minutos todo terminará.

ÉL: Él no se merece eso. No le hizo nada.

ELLA: Es un miserable.

ÉL: Perdónelo.

ELLA: Jamás. ¿Cree que nunca lo oí? Todo este tiempo burlándose de mí. Se reía como una hiena inmunda. Todo el día escuchaba esa risa sarcástica, desesperada, asquerosa, que traspasaba las paredes de la habitación y penetraba en las membranas de mis tímpanos, me los agujereaba, me los rompía, me humillaba. Nunca fui suficientemente buena para él, nunca hice lo correcto. Él era el soberano, yo, su servil aduladora. Me hizo arrodillarme frente a él. Me pegó en las costillas. Usted no sabe lo que es eso.

ÉL: Se sintió culpable por lo que hizo, no podía dormir. Una vez lloró. Se mostró arrepentido.

ELLA: Nunca lo soporté del todo. No entiendo por qué lo traje en primer lugar. Tuve un mal presentimiento, desde el principio. Se comportaba de manera anómala. Lloraba casi todo el tiempo. No se levantaba nunca. Vivía acostado. Cuando empezó a reírse se encerró en su habitación. Se alejó de mí. Lo perdí. No lo pude recuperar.

ÉL: No haga caso de lo que dicen. Todavía está a tiempo. Compadézcalo. Sea cristiana. Perdone y será perdonada.

ELLA no escucha lo último que ÉL le dice. Se acerca hacia ÉL y le entrega la soga. Quedan cara a cara y se miran por un instante, luego ÉL se va.

Silencio.

4.

ELLA está sola, parada en el medio de la habitación. Se dirige a público.

ELLA: Me duele su herida. Yo se la causé. Le molesta, la sufre, la padece. No le deja dormir. Le produce pesadillas. Lo quise tanto pese a herirlo, pero él nunca lo supo. Sólo conoció mi crueldad, mis huesos lívidos, mis escalofríos, mis espasmos. Ya no está más conmigo. Lo extraño. Pese a todo me quiso, lo sé. Me miraba con dolor, más que con odio o rencor. Estaba asustado. Tenía miedo por mí, no por él. Lo arañé una vez, es cierto. Pasó hace mucho tiempo. Fue un accidente. Pero no me perdonó. Él no olvida.

Silencio.

ELLA: Le regalé una hebilla una vez. Pero ya era tarde. No me miraba ni me tocaba. Estaba ausente. Lo había decidido. No podía compadecerme más. El tiempo cesó, los plazos se terminaron. Tenía una soga en su mano, sabía para qué la usaría.

Entra ÉL sosteniendo una soga gruesa con su mano derecha.

ELLA: ¿ A qué viene usted señor?

ÉL: Vengo a cumplir con mi deber, señora.

ELLA: ¿Se lo encargó él?

ÉL: Fue usted, ¿no lo recuerda?

ELLA: No lo recordaba, fue hace mucho tiempo.

ÉL: Me sorprende la facilidad que tiene usted para olvidar ciertas cosas y recordar otras.

ELLA: ¿Por ejemplo?

ÉL: Su rencor.

ELLA: Mi rencor no es una cosa.

ÉL: No será una cosa, se lo concedo. Pero es de carne y hueso y está aquí, entre nosotros, tan presente como usted y yo, ahora.

Silencio.

ELLA: La hebilla

ÉL se acerca para entregarle la soga a ELLA. ELLA no acepta.

ELLA: No. Es tuya. Usala.

Silencio.

ELLA: Te la regalé.

Silencio.

ELLA: ¿Te gusta?

ÉL (luego de un silencio muy prolongado): No.

Silencio.

5.

ELLA está de espaldas a ÉL y de frente a la ventana, mirando a través de ella. ÉL se encuentra en el centro de la habitación, mirando hacia donde está ELLA. Tiene una soga enrollada en su mano izquierda.

ELLA: Estuve mal. No debería haberlo hecho. Me hiciste enojar. No sé muy bien por qué lo hice. Tenías una facilidad increíble para sacarme de quicio. Todavía la tenés. Te tenía miedo. Mucho miedo. Miedo a tocarte, a mirarte. Siempre estabas agazapado, esperando la oportunidad justa para herirme.

ÉL: Era un chico, no podías tenerme miedo.

ELLA: Eras cruel, malcriado, cínico. Debo haberte hecho mucho daño para que te comportaras así conmigo.

ÉL (cambiando súbitamente su tono de voz): Señora, hábleme claro. Ofrézcame algo.

Silencio.

ÉL: Vamos, ofrezca.

ELLA: Ahora estás así, dividido, fragmentado en mil pedazos por mi estúpida negligencia.

ÉL: Ofrézcame algo con claridad, de lo contrario me veré obligado a…

ELLA (interrumpiéndolo): No se trata de que vos me perdones. No puedo perdonarme lo que te hice, ¿me entendés? No puedo.

ÉL: …finalizar nuestros vínculos contractuales.

ELLA: Me alejé de vos. Te dejé abandonado en una habitación horrible. Fuiste huérfano por elección mía. No se trata de que me perdones, sino de que yo lo haga. Y no puedo hacerlo.

ÉL (cambiando súbitamente su tono de voz): Te perdono. En serio. No sufras más.

ELLA: Yo en cambio no puedo hacerlo.

PAUSA. ELLA se da vuelta y le arrebata la soga a ÉL. Se coloca nuevamente de frente a la ventana, de espaldas a ÉL. ÉL la mira.

Silencio.

6.

ÉL está parado en el medio de la habitación. ELLA está apoyada contra la pared, al lado de la ventana. Tiene en su mano derecha la camisa negra de ÉL.

ÉL: Me duelen las heridas, la tuya y la mía. Yo las causé. No me dejan dormir. Cada noche es un martirio. No dejo de pensar y de recordar. Estoy harto de los martirios. Estoy harto de que me martirices, estúpida.

Silencio.

ÉL: Fui huérfano por elección propia. Era una criatura sin muelas y me maltrataste. Me tenías miedo, pero ¿acaso se puede tener miedo de una criatura semejante? Nunca me tocaste. Entonces te toqué yo y te maltraté, por tu miedo, tu indiferencia y tu rencor.

Silencio.

ÉL: Es cierto. No se trata de que te perdones, sino de que yo lo haga. Y nunca lo hice. Ni siquiera ahora. No lo puedo hacer.

ELLA se acerca a ÉL. Le pone la camisa negra y se la abotona hasta el cuello. Quedan cara a cara por unos instantes, se miran. Luego ELLA se va. ÉL, una vez que ELLA se fue, se desabotona violentamente la camisa, se la saca y la tira por la ventana. ÉL se queda mirando a través de ella.

Después de un breve instante, ELLA reaparece llevando consigo, enrollada en su mano derecha, la camisa negra que ÉL había tirado por la ventana. ÉL se da vuelta, quedando de cara a ELLA. Se miran, en absoluto silencio.

FIN

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