Nada Raro (2005)

de Maximiliano de la Puente

No se atreve a recordar

y no se atreve a mirar hacia adelante tampoco…

Podría seguir caminando

hasta que no haya reparación posible…

no haya reparación posible…”

Confesionario, Tennesee Williams

1.

Habitación totalmente vacía. Sin muebles.

Carla, una mujer joven, apoyada contra una pared. Martín, (su esposo), alejado, parado en el extremo opuesto de la habitación, escuchándola y observándola. Carla habla con voz entrecortada. Tiene la mirada perdida.

Carla: Es sólo que… últimamente estoy… desenfocada… estoy… desequilibrada… distante… distante incluso con vos… un… un abismo… entre nosotros… extraña… extraña para mí misma… no… no me reconozco… no me… no… no sé bien quién soy… no… no me puedo dormir… me oprime… me oprime mucho el pecho… me angustia… una… una angustia… una angustia terrible… esa cosa… esa cosa sin fondo… me duele la panza… la cabeza… no me deja dormir… no puedo dormir… no creo que duerma nunca más… nunca más… no… me siento tan… tan… no me comporto bien… no me comporto para nada bien… no me… no… no siento nada… a veces no siento nada… ahora mismo… nada… no creo que nunca más sienta nada… sí, no voy a sentir más nada… no… nada más… me voy a ir yendo de a poco… despacito… de a poquito… y no voy a sentir nada más… no, nada más… me voy a ir yendo de a poquito… sin… sin sentir nada… sin… sin nada… despacito… de a poquito… muy despacito… sin… sin nada…

Silencio. Martín la observa, sumamente apenado.

Carla: …basta… me cansé… basta de contar… no quiero contar más… no quiero más… basta… basta de contar mis miserias…

Silencio.

2.

Habitación totalmente vacía. Sin muebles.

Carla, apoyada contra una pared. Su padre, su madre y Martín alejados, en la otra punta de la habitación, escuchándola y observándola. Carla habla con voz decidida y firme. Los mira directamente a los ojos.

Carla: Decidí no volver a verlos. Nunca. Los quise más que a nada en el mundo. Me sentí feliz trabajando para ustedes día y noche, soportándolo todo. Vivíamos como vive la gente miserable, al día. Pero ya no… Ya no… No más… Completa libertad para las dos partes… libre de deudas… libres… al fin…

Silencio.

3.

Desayuno en la casa de los padres de Carla. El Padre está sentado en un sillón, leyendo el diario. Martín y Carla, parados frente a él. Martín le hace señas evidentes a Carla para que se anime a pedirle plata a su padre, quien ni se da por enterado. Sigue leyendo el diario, muy tranquilo. Suena el teléfono en la otra habitación. Entra la Madre.

Madre (de muy mal modo, al Padre): ¡Teléfono!

El Padre deja el diario, se levanta y sale. La Madre sale detrás de él.

Martín: ¿Por qué no se lo decís de una buena vez?

Carla (tensa, diciéndolo más para sí misma que para él): No puedo… No puedo… Nunca lo entenderías… No puedo…

Martín: ¿Qué va a ser de nosotros?

Silencio. Se miran.

Carla: Prefiero matarme trabajando toda mi vida a tener que hacerle esto a mis padres.

Martín: No te entiendo. Vinimos solamente a pedirles eso.

Carla: ¿Viste qué contentos que se pusieron cuando nos vieron llegar? Sobretodo mamá. Mamá estaba muy feliz cuando nos vio entrar por la puerta. Había mucha emoción en su mirada. En sus ojos. Estaba a punto de llorar. Me di cuenta enseguida.

Martín: Piensan que estamos locos. O creen que somos unos idiotas por haber venido de tan lejos. No sé qué es peor.

Carla: No, no piensan eso. No digas que piensan eso.

Silencio. Se miran.

Martín: ¿Y si se lo digo yo?

Carla (absolutamente seria y decidida): Si se lo decís vos, voy a tener que matarte. Así de simple.

Silencio. Martín la mira, incrédulo.

Carla: No te preocupes, todo va a salir bien.

Martín: Eso espero. Espero que todo salga bien.

Carla: Te prometo una sola cosa: trabajar, trabajar y trabajar. Para que podamos salir de esta miseria.

Regresa el Padre. Silencio. Se sienta en el sillón y vuelve a leer el diario.

Carla: Papá, tenemos que irnos.

Padre (levantando la vista del diario): ¿No se quedan a desayunar?

Carla: No podemos.

Padre: Que tengas mucha suerte, hija. La vas a necesitar.

Silencio. El Padre vuelve a fijar la vista en el diario.

4.

Dormitorio de huéspedes en la casa de los padres de Carla.

Carla y Martín, sentados sobre la cama. En silencio.

Martín: No se lo preguntaste…

Carla: No.

Silencio.

Carla: No pude abrir la boca.

Martín: No sé si vas a tener otra oportunidad…

Carla: Estaban discutiendo. No podía pedirles plata…

Martín: No es problema nuestro que se peleen. Tenés que pensar en nosotros…

Carla: Mañana se lo digo. En el desayuno. Te lo prometo. Ahora vamos a dormir. Buenas noches…

Martín: Buenas noches…

Silencio.

Carla: Necesito que me beses.

Silencio. Se miran.

Carla: Por favor, dame un beso.

Silencio.

Carla: Me da fuerzas…

Silencio. Martín la besa.

Carla: Daría mi vida por vos…

Silencio. Martín la mira.

5.

Cena en la casa de los padres de Carla. El Padre, la Madre, Carla y Martín, sentados a la mesa.

Madre (enojada): ¿Te mandó a cagar?

Padre: Por favor, no delante de los chicos. Y menos con ese vocabulario.

Madre: Mi hija tiene derecho a saber que su padre tiene amoríos con una puta.

Padre: Lo que más te molesta es que ella no es puta, ¿no es eso?

Madre: Lo que más me molesta es conocer la clase de basura que sos. Además es mucho más cara que una puta común, eso seguro. Cuesta mucha plata mantenerla.

Padre: ¿Y vos qué podés saber? Nada. Hace años que te lo digo.

Madre: Sé que no soy una mierda como vos.

Silencio. Carla y Martín se miran, incómodos.

Padre (a Carla, cambiando completamente el tono): ¿Van a salir? Afuera está hermoso.

Carla (en voz baja, apenada): No, papá. Estamos cansados. Mañana tenemos que volver. Tengo mucho trabajo.

Silencio. Luego de un instante, Carla y Martín continúan comiendo con mucho esfuerzo, cabizbajos. El Padre agarra el diario y comienza a leerlo, desentendiéndose de los demás. La Madre se levanta y sale, visiblemente molesta.

6.

Departamento de Carla y Martín.

Martín, sentado frente a una mesa. A su lado, el suplemento de empleos del diario, sin abrir. Carla recostada sobre un sillón, doblada sobre sí misma por el dolor de estómago.

Carla: Recién me levanté y ya tengo ganas de irme a acostar.

Silencio. Martín no le presta atención.

Carla: Me duele mucho la cabeza. Y la panza me está a punto de explotar…

Martín: Deberías ir al médico.

Carla: Ya fui la semana pasada. Dijo que no podía hacer nada. Que dependía enteramente de mí.

Martín: Nunca me decís nada.

Carla: Dijo que no era nada. Nada serio. Nervios. Nada más que nervios. Dijo que las vacaciones me van a venir bien para relajarme.

Martín: Yo confío en vos. Te cuento todo lo que me pasa.

Carla: No quise que te preocuparas.

Martín: Siempre andás deambulando por ahí, seria y callada. Con el ceño fruncido. O hablás sola. Todo el tiempo. Con la mirada perdida…

Silencio. Carla se incorpora lentamente y lo mira.

Martín: Eso es lo más grave. No es que no hablás conmigo. Ni siquiera hablás con nadie.

Carla: Puedo sola.

Martín: Todas las noches, a la madrugada, escucho que te levantás y que caminás por la habitación, como un fantasma. Hablando sola… O con alguien imaginario… No sé con quién…

Carla: No quiero que tengamos que mendigar.

Martín: Yo tampoco. Pero no veo otra solución. Por más lejos que viva, vamos a tener que ir hasta lo de tu papá.

7.

Carla y Martín sentados en dos sillas, en silencio.

Martín: Cómo te fue hoy.

Carla: Normal.

Martín: ¿Te pagaron las horas extras?

Carla: No, todavía no.

Martín: ¿Te dijeron cuándo te las van a pagar?

Carla: No pagan más horas extras.

Martín ¿Y el sueldo? ¿Sabés cuándo te lo van a pagar?

Carla: No.

Silencio.

Carla: Me dieron vacaciones esos desgraciados…

Martín (asombrado): ¿Cómo vacaciones?

Carla: Sí, vacaciones forzadas…sin goce de sueldo… sin nada… por tiempo indeterminado…

Silencio. Martín se levanta y sale, enojado. Carla cierra los ojos.

8.

Carla y Martín, parados en el medio del living de su departamento, a punto de despedirse, pues Carla se dispone a salir para su trabajo.

Carla: Pronto vamos a estar mejor.

Martín: Ya casi no nos queda nada. Estamos tocando fondo. Espero que te paguen pronto.

Silencio. Carla recoge sus cosas y se dispone a salir.

Martín: ¿Estás mejor?

Carla: Sí, un poco.

Martín: ¿Tenés dolores todavía?

Carla (apenada): No, ya no. Pero debería hacer más reposo.

Silencio.

Martín: Que tengas mucha suerte…

Silencio. Carla lo mira un instante antes de salir. Luego se dirige hacia la puerta y sale.

9.

Martín está de espaldas a Carla, mirando hacia afuera, por la ventana de la habitación. Los dos están visiblemente nerviosos. Sobre la mesa se enfría la cena.

Martín: …justo ahora…

Carla: … sí, yo también pensé lo mismo: justo ahora.

Silencio.

Carla: No vamos a poder salir nunca más de las deudas. Un nene es un gastadero de plata.

Martín: Y encima no vas a poder trabajar.

Carla: No, después no. Pero todavía sí puedo.

Martín: Más adelante ya no vas a poder.

Carla: Además tenemos que seguir pagando la hipoteca.

Martín:¿Estamos cumpliendo con los plazos?

Carla: Sí.

Martín: ¿Puntualmente?

Carla: Sí.

Martín: No me estarás mintiendo como antes, ¿no?

Silencio. Carla lo mira, molesta.

Carla: Voy a tener que hacer más horas extras.

Silencio. Se miran.

Martín: No sé cómo nos las vamos a arreglar con el nene.

Carla (con mucha cautela y tristeza, desviando la mirada): Podríamos… podríamos elegir no tenerlo.

Martín (molesto): No digas eso. Ni lo pienses.

Carla: Estoy harta de tener que ajustarnos para pagar las deudas. De tratar de ahorrar y que nunca se pueda. Quiero que hagamos muchas cosas juntos. Quiero que tengas todo lo que los demás tienen.

Martín: A veces me pregunto cómo hacen. Se dan todos los gustos y no se preocupan por nada.

Silencio.

Carla (con voz entrecortada): Iba… iba a ser un varón.

Martín: ¿Segura?

Carla (llorando): Sí.

Silencio.

Martín (muy apenado): Sí, es cierto. Creo que lo mejor va a ser no tenerlo. ¿Qué clase de vida podría tener con nosotros?

Silencio.

Carla: Nunca podríamos comprarle el cochecito más lindo. Ni los juguetes que quisiera. Pasaría siempre vergüenza delante de los otros nenes. Sentiría mucha humillación por tenernos como padres. Por la vida que le tocó en suerte. Nunca podríamos darle lo mejor… No le podríamos dar nada. Pobrecito…

Silencio.

Luego de un largo rato, Martín y Carla se sientan y comen, en silencio.

10.

Martín, sentado frente a una mesa, leyendo el suplemento de empleos del diario. De vez en cuando, apoya el diario sobre la mesa y agarra con entusiasmo una lapicera para marcar posibles trabajos, pero luego vuelve a dejar el bolígrafo en su lugar, porque no encuentra ninguna oferta laboral.

Martín (para sí): No hay nada… Para mí ya no hay nada… No hay caso…

Silencio. Entra Carla. Camina cansinamente, luego de un arduo día de trabajo. Martín sale de su ensimismamiento y la observa.

Martín (A Carla): Cómo te fue.

Carla (abstraída): ¿Cómo?

Martín: Cómo te fue.

Carla: Normal.

Martín: ¿Te pagaron?

Carla: No, no me van a pagar ahora. Dicen que no pueden. Que no hay mucha actividad. En realidad no pasa prácticamente nada. No hacemos nada. Los pocos que todavía estamos, nos quedamos ahí, todo el día, sentados frente al escritorio, mirando el vacío, en espera de algo. De que algo se mueva. Pero no hay nada… Nadie sabe cuánto tiempo más vamos a estar así… Nadie… no lo sabe nadie… ni el jefe…cuando se lo preguntamos, se limita a mirarnos… en silencio… no nos saca la vista de los ojos… hasta que nos vamos de su oficina, decepcionados, desesperados o asustados…

Silencio.

Carla: A veces algunos no aguantan más, se encierran en el baño y lloran, durante largas horas…

Silencio.

11.

Carla (parada en el rincón de una habitación, a público): Descubrí que lo único que quiero en realidad es ser aceptada. Pero no puedo. No pude. Ni antes ni ahora. Nunca nadie me aceptó. En ningún lado.

Silencio.

12.

Martín, junto con muchas otras personas que también están buscando trabajo, parado sobre la vereda de una calle, en fila, esperando. En sus manos sostiene el suplemento de empleos. La fila es muy larga. Es enorme en realidad. Y desemboca en la entrada de un edificio.

13.

Carla y Martín cenando, en silencio.

Martín: ¿Nos olvidamos de pagar algo?

Carla: No me acuerdo.

Martín: Acordate, por favor. ¿Nos olvidamos de algo?

Carla (dudando): No sé, puede ser.

Martín (cortante, seco): Vos te encargás de los pagos, no yo…

Carla: Yo me encargo de todo en esta casa. Siempre.

Martín: ¿Qué quiere decir eso?

Silencio. Carla lo mira.

Martín: ¿Qué quiere decir?

Silencio.

Carla: Nada. No quiere decir nada.

Silencio.

Martín (impaciente): ¿Y, ya hicimos todos los pagos? ¿Sí o no?

Carla (en voz baja, sintiéndose culpable): …No me acuerdo. Perdón…

Silencio. Martín la mira.

Martín (nervioso): ¿Nos queda algo todavía?

Carla: Creo que sí, pero si pagamos todo lo que debemos, no nos va a quedar nada.

Martín: Tenemos que seguir pagando para salir adelante. No queda otra.

Carla: Voy a tener que agarrar lo que sea. Una changa… Cualquier cosa…

Martín: Yo podría trabajar desde casa.

Carla: No. Ganar plata es mi obligación. No la tuya.

Martín: Voy a seguir buscando. Todos los días. Más tiempo. Algo tiene que aparecer.

Silencio.

Carla: Vos hacés lo que podés… no es tu culpa… no es culpa de nadie… es así… no tenés trabajo… nunca más vas a tener trabajo… pero no tenés que sentirte mal por eso… no hay nada que puedas hacer… ya no hay trabajo… se acabó… no hay más… además yo siempre te voy a ayudar… voy a tratar de darte todos los gustos… siempre…

Silencio.

14.

Carla (parada en el rincón de una habitación, hablando a público): Estaba a punto de hablarles. De pedirles que me ayudaran. Realmente lo deseaba. Con toda mi alma. Pero no pude… no pude… No era yo… era… algo más… algo distinto… una fuerza… algo dentro de mí… algo que venía de muy adentro… y me decía que no… que no lo hiciera… que no tenía derecho a hacerlo… que no… ¿Quién era yo para molestarlos?… ¿Quién?… Nadie… no soy, ni era, ni voy a ser nadie para ellos… para papá y mamá… para… mí…

15.

Carla, con Martín a su lado, habla por teléfono con su padre.

Carla (por teléfono): ¿Hola papá, como estás?… Bien, estamos bien… Perdón por la hora… Sí… sí, ya sé que es muy tarde, papá… perdón… No, no necesitamos nada… No, nada… (Martín le hace señas airadas y le sacude un brazo)… Bueno, sí, en realidad sí… nos hace falta plata… sí, papá, necesito plata… estamos muy ajustados… la estamos pasando muy mal… ¿Cuánto?… mucho, papá… demasiado para nosotros… no… (Cambiando el tono de su voz, al escuchar a su padre)… sí, sí, así está bien… claro, esa cantidad nos va a alcanzar… gracias… muchas gracias pa… (Del otro lado de la línea, el padre corta de forma abrupta) … papá… saludá a mamá… de mi parte… (La voz de Carla disminuye progresivamente, a medida que percibe que el Padre interrumpió la comunicación).

Martín (expectante): ¿Qué dijo?

Carla: Nos va a mandar la plata por correo.

Silencio. Martín respira aliviado.

Carla (apenada): Me cortó. Cuando le mandaba saludos para mamá, me cortó. No sé por qué.

Silencio.

16.

Carla (parada en el rincón de una habitación, dirigiéndose a público): Nunca pude hablarle… contarle lo que estaba pasando.. Lo amaba muchísimo… con toda mi alma… y sé que él también me amaba a mí… Pero no pude… No sé por qué… Sé que simplemente no podía… nada más …

Silencio. Entra Martín.

Martín: Hoy recibí la visita de un hombre.

Carla: Fui al médico y me dijo que tengo que parar de trabajar.

Martín: No podías pensar que esto iba a durar para siempre. ¿Escuchaste lo que te dije?

Carla: ¿Qué?

Martín: Que hoy vino un hombre.

Carla: ¿Quién era?

Martín: Venía de parte del banco.

Carla: ¿Qué quería?

Silencio. Martín la mira.

Martín: ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Carla: Decirte qué.

Martín: Ya sabés qué. Mirá la cantidad que nos está reclamando el banco.

Silencio. Martín le acerca un documento legal, en el que está escrito una suma de dinero importante. Carla evita mirarlo.

Martín: Ni siquiera lo puedo nombrar. No puedo ni decir en voz alta cuánto debemos.

Carla (en voz baja, avergonzada): Quería que nos diéramos todos los gustos. ¿Por qué no tener lo que tienen los demás?

Martín: ¿Desde cuándo no estamos pagando?

Carla (igual): No sé… desde hace varios meses.

Martín: ¿Te das cuenta de que no podemos seguir así?

Silencio. Carla sigue rehuyéndole la mirada.

Martín: No te entiendo. En serio.

Silencio.

Martín: No me ayuda que mientas.

Silencio.

Martín: No nos ayuda en nada.

Silencio.

Carla: ¿Hay tiempo?

Martín: Poco. Muy poco.

Carla: ¿Cuánto?

Martín: No sé. Pero es poco.

Silencio. Se miran.

Martín: Tendrías que llamar a tu padre.

Carla: ¿A papá?

Martín: Sí, ¿por qué no? Es tu papá. Nos tiene que ayudar. Es su obligación.

Carla (aterrorizada, ante la idea de tener que llamar a su padre): No, a papá no.

Martín: ¿Por qué?

Carla: No lo entenderías… No… yo no…

Silencio. Martín la mira.

Carla: …No creo que a papá le guste que yo le pida plata.

Martín: Menos le tiene que gustar vernos en esta situación.

Silencio.

Martín: ¿Entonces?

Silencio. Carla lo mira.

Carla: No me gusta tener que llamarlo para pedirle plata. No me siento bien. Preferiría trabajar como una burra toda la vida antes de tener que pedirle plata a papá.

Martín: Llamalo por favor. No sé cómo vamos a hacer para salir de esto si no.

Silencio. Martín sale. Carla enciende un cigarrillo. Se queda fumando, sola.

17.

Martín y Carla caminan tranquilamente por una plaza, al atardecer, tomados de la mano.

Martín: Podríamos ir a cenar a ese restaurante caro…

Carla: Sí, y de postre: café y torta de chocolate.

Martín: Y después un champagne.

Carla: ¿Un champagne?

Martín: Y nos tomamos un taxi.

Carla: ¿Un taxi? ¿No es demasiado caro?

Martín: Hoy no. Hoy no hay nada que sea demasiado caro para nosotros.

Silencio. Se miran.

Martín: Feliz cumpleaños, mi vida.

Carla: Gracias…

18.

Martín, vestido con un traje nuevo, regalo de Carla, observándose ante el espejo. Carla lo mira atentamente.

Martín: Es muy caro.

Carla: Te queda hermoso.

Martín: Estoy seguro de que lo pagaste muy caro, Carla. No podemos permitirnos esto. ¿Cuánto te costó?

Carla: Ahora gano mucho más que antes. Y todo el domingo estás solo. Nunca nos vemos.

Martín: No está bien que gastemos la plata en esto…

Carla: Es un regalo que te quiero hacer. No me gusta que te falte nada.

Martín: No me falta nada. Que esté desocupado es algo temporal. Pronto voy a encontrar algo.

Carla: Sí. Ya sé que sí.

Silencio. Carla lo mira.

Carla: Quiero que seas feliz.

Martín: Soy feliz.

Carla: No. Sé que no lo sos. Por eso quise regalarte este traje. Para que sepas cuánto te quiero.

Silencio.

19.

Carla (parada en el rincón de una habitación, dirigiéndose a público): Nunca entendí muy bien por qué no podía dejar de mentirle. Creo que era porque lo quería. Lo quería demasiado para verlo sufrir…

Silencio. Entra Martín.

Carla: A partir de la próxima semana voy a ganar más plata.

Martín (cortante, seco): Por fin te atreviste a pedir más…

Carla: No, en realidad no. Vino mi jefe y me lo dijo. No fue necesario decirle nada. Basta de problemas por eso. ¿No es lindo? Vamos a poder darnos todos los gustos que queramos.

Martín: Gracias, pero no quiero que nos demos todos los gustos. Quiero que podamos vivir en paz. Sin sobresaltos. Sin tener el corazón en la boca por no saber si vamos a poder llegar al día siguiente. Sin pasar hambre. Quiero que salgamos de esta miseria, ya.

Carla: ¿No te gustaría tener todo lo que siempre quisimos?

Martín: Sí. Pero ése no es el punto.

Carla: Mi amor tiene que tener todo lo que tienen los demás. Siempre…

Silencio.

Carla (acercándose y hablándole al oído): Quiero dártelo todo.

Silencio.

20.

Martín, recostado en un sillón, dormido. Carla lo despierta. Sostiene en sus manos una bandeja con el desayuno.

Carla (besándolo): Buenos días.

Martín: Buenos días.

Silencio.

Martín (al ver la bandeja con el desayuno): No tenés que hacer todo esto por mí. Es demasiado.

Carla: Lo hago porque te quiero.

Martín: Yo también te quiero. Pero no hace falta. No soy un inválido.

Silencio. Carla deja la bandeja con el desayuno sobre una mesa.

Carla: Muchas veces me gustaría verte inmerso en un peligro muy grande para arriesgar mi vida, para darte mi sangre, para exponerlo todo por protegerte.

Martín: No me gustaría que hicieras todo eso por mí.

Carla: Lo haría igual. Aunque no quisieras. No podrías evitarlo.

Silencio.

21.

Carla y Martín caminan en silencio, a lo largo de un departamento vacío, totalmente desamueblado.

Carla: ¿Y, te gusta?

Martín: No es muy grande.

Carla: No.

Martín: Y es muy ruidoso.

Carla: Sí.

Martín: Va a ser difícil. Pero está bien. Por mí está bien. No hay problema.

Silencio.

Martín: Mientras estemos juntos, no vamos a tener ningún problema.

22.

Carla está parada en medio de un departamento completamente vacío, hablando con el Encargado. Camina por el departamento, inspeccionándolo.

Encargado: ¿Qué le parece?

Carla: Me parece bien.

Encargado: ¿Le gusta?

Carla: Sí.

Encargado: No es grande, pero depende de las pretensiones que uno tenga. Además en el cuarto y quinto viven extranjeros. Viven de a seis o siete. Se la pasan todo el tiempo gritando y haciendo ruido. Para ellos es todo lo mismo. Todo les da igual a esos desgraciados.

Carla: Nosotros somos solamente dos. Mi marido y yo.

Encargado: ¿Sin hijos?

Carla: Sin hijos.

Silencio.

Encargado: ¿No le parece un poco chico para dos personas?

Carla: No, creo que vamos a estar bien.

Encargado: ¿No quiere ver otros?

Carla: No, éste está bien.

Encargado: Bueno, como prefiera.

Silencio. Carla continúa caminando por el lugar.

Carla: Me gusta el departamento. Lo tomo. ¿Cuándo podemos mudarnos?

Encargado: Cuando quiera. Para mí es demasiado ruidoso. Pero si a usted le gusta, instálese cuando quiera.

Carla: Gracias.

Silencio. El Encargado sale. Carla se queda mirando el departamento vacío.

23.

Casa de los padres de Carla.

Martín, Carla, su padre y su madre, sentados a una mesa, cenando.

Padre (diciéndolo sin convicción): Si todavía no saben adónde van a ir, pueden quedarse en el cuarto de huéspedes. Hasta que tengan un lugar propio.

Carla (imprevistamente, ante la mirada atónita de su marido): Gracias, pero no creo que haga falta, papá. Estamos pensando en comprarnos algo.

Martín: ¿Cómo?

Carla (a Martín): Sí, lo discutimos el otro día, ¿no te acordás?

Martín: No, no discutimos nada.

Carla: Vamos a comprar un departamento.

Padre: ¿Cuándo?

Carla: Mañana mismo. Ya lo tenemos visto.

Silencio. Martín la mira con incredulidad.

Padre: Eso está muy bien. Es una muy buena idea que tengan un lugar propio. Así van a poder estar tranquilos. Y van a tener un poco de intimidad también.

Carla: Claro.

Silencio. Martín sigue mirando con incredulidad a Carla.

Padre: Te felicito, hija.

Carla: Gracias.

Padre: Y además te confieso que nos sacaron un gran peso de encima.

Madre: Sí, es cierto.

Carla: ¿Por qué lo decís, papá?

Padre: Y… porque esta casa no es tan grande como para que ustedes vengan a vivir al cuarto de huéspedes.

Madre: Claro. No iban a estar muy cómodos que digamos.

Carla: Pero si la casa es lo suficientemente grande.

Padre: Sí, pero no es tan grande como para cuatro personas.

Madre: No les podíamos decir nada, por supuesto. Pero nosotros también tenemos derecho a tener nuestra intimidad. Y con ustedes acá, todo el tiempo, mucha intimidad que digamos no hubiéramos podido tener.

Padre: Pero igual eso no importa ahora.

Carla: No, claro.

Silencio. Carla y Martín se miran. El Padre y la Madre se levantan.

Madre: Nosotros nos vamos a dormir. Estamos cansados.

Padre: Hasta mañana, hija.

Carla: Hasta mañana, papá.

Madre: Hasta mañana.

Martín: Hasta mañana.

Silencio. Los padres salen.

Martín: ¿Por qué no me dijiste nada?

Carla: No sabía. Se me ocurrió recién. ¿No es una buena idea?

Martín: ¡Cómo qué se te ocurrió recién! ¿Y ahora qué vamos a hacer?

Carla: Tenemos que buscar algo urgente. ¿Qué otra cosa podemos hacer?

Martín: Y… no sé, quedarnos. Decirles que fue un error, un malentendido.

Carla: No, eso no. Yo no puedo hacer eso.

Martín: ¿Por qué no?

Carla: Porque no. Quedaría en ridículo. Tengo que cumplir con mi palabra. Ya les dije que nos íbamos a mudar.

Martín: Sí, pero no podemos buscar un departamento ya. Con tan poca plata.

Carla: Primero voy a buscar yo. Voy a ver qué puedo conseguir.

Silencio. Martín la mira.

Carla (dubitativamente, al ver la expresión de Martín): Algo voy a conseguir, ¿no?

Silencio.

Martín: ¿Qué va a ser de nosotros?

Carla: No te preocupes, todo va a salir bien.

Silencio.

24.

Carla, antes de su boda, en su habitación, probándose su vestido de novia. Se observa en el espejo. Entran su padre y su madre.

La Madre, sumamente enojada por el casamiento de su hija, permanece en silencio.

Carla: ¿Pasa algo?

Padre: Nada, mi amor. Quería desearte mucha suerte.

Silencio.

Padre: La vas a necesitar.

Carla: Gracias, papá. (A la Madre) ¿Mamá, estás bien?

La Madre se acerca a Carla y le agarra de improviso, con mucha fuerza, las manos.

Madre: Podrías haberte limpiado bien las uñas por lo menos. Sos una dejada.

Carla: Perdón.

Silencio. La Madre le suelta las manos, con asco.

Carla: No se preocupen que no me voy a ir. Nos vamos a quedar a vivir acá, con ustedes. Espero que no les moleste.

Silencio. El Padre y la Madre se miran entre sí.

Padre: Que tengas mucha suerte, hija…

Silencio. Los padres se dan vuelta y salen. Carla se queda parada ante el espejo, observándose con el vestido de novia puesto.

25.

Antes de casados, Carla y Martín entran de noche, muy tarde, a la casa de los padres de ella.

Carla: Hablá más bajo. Mis padres escuchan cuando llego a casa.

Martín: Lo único que existe para vos son tus padres. Siempre te la pasás hablando de ellos. Yo no cuento para nada.

Carla: No es cierto.

Martín: Es de lo único que hablás. Constantemente. Cada vez que salimos.

Carla: Los quiero mucho. ¿Hay algo de malo en eso?

Martín: Me gustaría que me quisieras a mí la cuarta parte de la que los querés a ellos.

Carla: Te quiero mucho.

Martín: No tanto como a ellos.

Carla: Te amo.

Martín: Sí, pero no lo suficiente.

Carla: Son mis padres.

Martín: Y yo voy a ser tu marido.

Silencio. Carla lo mira.

Carla: Mis padres son lo mejor que me pasó en la vida. Son lo que más quiero. Los que me dieron la vida. Me dieron también casa y comida. Me cuidaron, me alimentaron y me educaron cuando era chica. Siempre les voy a estar agradecida por eso. No puedo querer a nadie tanto como a ellos.

Silencio. Martín la mira.

Carla: Espero que lo entiendas.

Silencio. Carla sale. Martín se queda observándola.

26.

Carla (parada en el rincón de una habitación, dirigiéndose a público): Mi marido fue la persona a la que me dediqué. Por él hubiera hecho todo. Lo intenté todo. Y él hizo lo mismo conmigo.

Silencio. Entra Martín. Se acerca a Carla. Se miran.

Carla: ¿Sabés lo que parecés?

Martín: Qué.

Carla: Te parecés al osito de peluche que tenía cuando era chica.

Martín: ¿Cómo era?

Carla: Era dorado, con manchas blancas. Y tenía el hocico negro.

Martín: ¿Lo querías mucho?

Carla: Más que a nadie en el mundo.

Silencio.

Continúan mirándose con intensidad.

27.

Carla (parada en el rincón de una habitación, dirigiéndose a público): Mamá siempre me decía que era una dejada. Y que por eso nunca iba a conseguir a nadie… nadie me iba a querer… Nunca… Pero entonces llegó Martín… Mamá estaba equivocada…

Silencio. Entra Martín, con un ramo de flores en sus manos. Se miran por un largo rato. Se acercan. Martín le entrega las flores. Ella le agradece el regalo con un beso. Se acarician. Él le dice palabras dulces al oído. Ella ríe. Se separan por un instante.

Martín: Todo el mundo les tiene envidia.

Silencio. Carla lo mira, sonriente.

Martín: La gente dice muchas cosas de vos. Mucha gente está envidiosa de tus padres.

Carla: No sé por qué.

Martín: Porque nadie tiene una hija como vos.

Carla: Si yo no hago nada raro…

Silencio. Se miran.

Carla: Sos un buen hombre, ¿sabías?

Martín: ¿Querés que vayamos a bailar? Mañana es sábado.

Carla: Bueno.

Silencio. Permanecen mirándose, por un largo rato.

28.

Carla (parada en el rincón de una habitación, dirigiéndose a público): Papá estaba muy poco en casa. Ni siquiera se quedaba los fines de semana. Siempre me decía: “espero que tengas mucha suerte, hija. La vas a necesitar”. Nunca supe muy bien por qué me decía eso… ni qué quería decir…

Silencio. Entra el Padre.

Padre: Hola, hija. ¿Cómo estás?

Carla: Muy bien, papi. Gracias.

Padre: ¿Ya desayunaste?

Carla: Sí, gracias.

Padre: Lo lamento mucho, pero vas a tener que buscar trabajo, hija. Ya no te puedo mantener más.

Silencio.

29.

Casa de los padres de Carla.

El Padre y la Madre, sentados en sus respectivas sillas, en silencio. Carla, parada delante de ellos.

Carla: Mamá, ¿vos me querés?

Madre (dudando): Sí, mi amor, claro.

Carla: ¿Estás segura?

Madre: Sí. Aunque en realidad, si querés saber la verdad, naciste por accidente. No fuiste un bebé buscado. Para nada.

Silencio.

Carla (sin poder creer lo que escucha): Nací por… accidente…

Madre: Éramos muy jóvenes. Pensábamos que íbamos a estar mucho mejor sin hijos. Que íbamos a tener una vida tranquila. Serena. Maravillosa. Viajando. Recorriendo lugares. Dándonos todos los gustos. Sin estar ajustados de plata. Y justo entonces quedé embarazada de vos. Y se arruinaron todos nuestros planes.

Silencio.

Carla: No… no me querían tener.

Madre: No. Además tuve un parto muy traumático… Casi me muero cuando te tuve..

Silencio.

Carla: ¿Y vos papá… me querés?

Padre: Por supuesto, mi amor. Qué pregunta es esa. ¿Me alcanzarías el diario?

Carla: Sí, papá.

Silencio. Carla agarra el diario, que está sobre una mesa, y se lo alcanza al Padre.

Padre: Gracias, mi vida.

Silencio. El Padre lee detenidamente el diario. Carla permanece inmóvil, delante de él.

30.

Carla (parada en el rincón de una habitación, dirigiéndose a público): Cuando era chica me sentía muy bien en casa, con ellos. Aunque a veces les tenía miedo. Mucho miedo. Pero yo siempre fui muy buena con mis padres. Muy, muy buena… Me elogiaban mucho por ser tan buena. Aunque nunca me regalaron el triciclo rojo que yo tanto quería… No sé por qué… Algo malo debo haber hecho… seguro…

Silencio. Entra la Madre.

Carla: Mamá, tengo miedo.

Madre: De qué, hija.

Carla: De que vos y papá no me quieran más.

Madre: Por favor, no pienses eso, mi amor. Siempre te vamos a querer. Después de todo, somos tus padres, ¿no?

Silencio.

31.

Carla, parada en el medio de una habitación.

Carla (a público): Era muy buena alumna. Siempre diez me sacaba. Todos diez tenía. Cuando llevaba el boletín a casa, mamá siempre me decía: es tu obligación sacarte diez. Cumpliste con tu obligación. No esperes que te felicite. El bien es para vos, no para mí. Yo no gano nada…

Silencio. Entra la Madre.

Madre: ¿Tu padre ya se fue a dormir?

Carla: Sí, estaba muy cansado.

Madre: Yo también. Me voy a acostar.

Antes de irse, la Madre le agarra de improviso, con fuerza, las manos y le inspecciona las uñas.

Madre: Podrías haberte limpiado bien las uñas, por lo menos.

Carla: Perdón.

Madre: Sos una dejada. Por eso nunca nadie te va a querer.

Silencio. La Madre sale.

32.

Padre (parado en el centro de una habitación, dirigiéndose a público): Cada minuto libre ella lo dedica a nosotros. No hace otra cosa los domingos. Ni cine ni nada. Nunca hace otra cosa. No hace nada para ella. Por ella. Algo que sea sólo para ella. Vive siempre para nosotros. Por nosotros. Gracias a nosotros vive. Somos su mayor orgullo. Su única alegría… A veces creo que vive para no hacer nada. Porque le gusta no hacer nada por ella. Nunca quiso hacer nada por ella. De chiquita siempre fue así. Lo hizo todo por nosotros. Lava, cose, limpia, cocina, plancha. Nos alimenta y nos conforta. Es nuestro sostén. En todos los sentidos posibles… Todavía, hoy en día, lo sigue siendo. Nosotros esperamos que eso nunca cambie. Que se mantenga así lo que nos reste de vida. Y después si quiere, sí. Después, que viva su vida. Pero antes no. Mientras estemos vivos, no. Que se dedique sólo a nosotros. Después de todo, somos sus padres.

Carla (entrando): Buenas noches, papá.

Padre: Pensé que ya no ibas a venir.

Carla: Perdón. Quería trabajar hasta que hubiera luz.

Padre: Está bien, hija. No te preocupes. Yo ya me voy a dormir.

Carla: Buenas noches, papá.

Padre: Buenas noches, mi vida. No te quedes levantada hasta muy tarde.

Silencio. El Padre sale. Carla se queda mirando en esa dirección. Luego de un instante, agarra una escoba y comienza a barrer.

FIN

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