Bicicleta rota (2010)

de Maximiliano de la Puente

Una calle de un barrio en los suburbios de Buenos Aires, a principios de la primavera, totalmente vacía. Las persianas de las casas están completamente bajas, evitando el ingreso de la luz del sol. No se observan ni transeúntes ni autos.

Tres chicos, de unos 11 años, juegan en medio de la calle. El primero lleva una pelota de cuero número cinco bajo su brazo derecho. La pone contra el piso, pisándola con su pie derecho. El segundo y el tercero lo observan con mucha atención, expectantes a sus movimientos. Con una patada, luego de un solemne minuto de silencio, dan comienzo al juego. Gritan y corren detrás de la pelota. Luego de un largo rato, se frenan.

El primero agarra la pelota. Se la coloca bajo su brazo derecho. Los otros se miran entre sí. Están agitados y transpirados. Los tres se sientan en el cordón de la vereda. Miran hacia el frente, pensativos.

Silencio.

Primero: Mi papá no me deja tomar Coca Cola.

Segundo: Tu papá es un pelotudo.

Tercero: Por qué no te deja tomar Coca Cola.

Primero (al segundo): No quiero que hables así de mi papá.

Segundo: Es la verdad. Es un pelotudo.

Primero: No le digas más pelotudo.

Segundo: Se lo merece.

Primero: Te dije que la cortes.

Tercero: Pero por qué no te deja tomar Coca Cola.

Primero: Una vez me dijo algo raro. No lo entendí muy bien.

Tercero: A mí me pasa lo mismo. Cuando mi papá me habla, no entiendo lo que me dice.

Segundo: Eso es normal. Ellos dicen que vamos a entenderlos cuando seamos grandes.

Primero: Pero para eso falta.

Tercero: Yo quiero entenderlos ahora.

Primero: Yo también.

Segundo: No podemos entenderlos ahora.

Primero: Por qué no.

Segundo: Porque no. Tienen otra lógica. Piensan distinto.

Tercero: Son distintos.

Primero: En qué son distintos.

Segundo: En todo. Tienen canas, arrugas y panza.

Tercero: A mi papá se le cae la piel.

Primero: Al mío también.

Segundo: Justamente por eso no podemos entenderlos ahora.

Silencio.

Pausa.

Segundo: Cuando pasemos por lo mismo que ellos, todo va a ser distinto.

Tercero: Yo no quiero ser como ellos.

Primero: Yo tampoco.

Segundo: Yo tampoco, pero no tenemos alternativas. No podemos elegir.

Silencio.

Segundo: Y en ese momento, cuando seamos como ellos, los vamos a entender.

Silencio.

Segundo: Todo es cuestión de tiempo.

Pausa.

Tercero: ¿Pero te gusta la Coca Cola sí o no?

Primero: No. Pero no quiero que mi papá me prohíba nada.

Segundo: Qué vivo. Nadie quiere.

Primero: Usa palabras que no entiendo. Dice que la Coca Cola es yanqui.

Tercero: Los yanquis son los norteamericanos.

Primero: Sí, eso ya lo sé. Pero también dice que son imperialistas.

Segundo: ¿Quiénes, los yanquis?

Primero: Sí.

Tercero: Eso no sé lo que es.

Segundo: Yo tampoco.

Tercero: Es raro tu papá.

Primero: Sí, muy raro. No sé por qué, pero ya no duerme casi nada. Cuando me voy a acostar, yo me quedo despierto, como él. Se la pasa caminando durante toda la noche. Escucho sus pasos de un lado al otro de la casa. Recorre todas las habitaciones. Se asoma a todas las ventanas. Parece que buscara a alguien. O que esperara algo. No sé qué.

Segundo: ¿Todas las noches hace eso?

Primero: Todas las noches.

Tercero: Está esperando a alguien.

Primero: A quién.

Tercero: A unos señores de uniforme que lo van a venir a buscar para llevárselo.

Primero: Qué decís.

Segundo: Quién te dijo eso.

Tercero: Es lo que comentan.

Segundo: Quién comenta.

Tercero: La gente.

Segundo: Qué gente.

Tercero: Mis papás.

Segundo: Qué dicen tus papás.

Tercero: Que hay señores de uniforme que entran a las casas de la gente, por las noches.

Segundo: Sos muy grande para creer en esas pelotudeces.

Tercero: Es verdad.

Segundo: No es verdad. Son cuentos de adultos.

Primero: No existen los cuentos de adultos.

Segundo: Sí que existen. Los adultos se la pasan inventando mentiras.

Tercero: Pero es cierto lo que les dije. Yo lo vi.

Segundo: Qué viste.

Tercero: Una vez vi que entraban a la casa de unos vecinos.

Segundo: Quiénes entraron.

Tercero: Unos hombres de uniforme.

Segundo: Cuándo viste eso.

Tercero: Hace como un mes. Entraron a la casa de los vecinos de enfrente de mi casa.

Primero: Donde vive Boris.

Tercero: Sí. Y vi cómo se llevaban a su papá.

Silencio.

Pausa.

Segundo (exaltado, de pronto): ¡Ya sé! ¿Y si le escondemos la bicicleta a Boris?

Tercero (igualmente exaltado): ¡Sí, es genial!

Primero: Vos decís de robársela.

Segundo: Sí, eso mismo. ¿No es genial?

Primero: Sí. Pero no digas esconder, decí que se la querés robar y listo.

Segundo: Es lo mismo.

Primero: No es lo mismo.

Tercero: Hay una diferencia.

Segunda: ¿Le quieren robar sí o no, la bicicleta a Boris?

Primero: ¡Sí!

Tercero: Ni hablar.

Segundo: Se la robamos. La usamos hasta que nos cansemos. La reventamos. Y la abandonamos por ahí, toda rota.

Primero: Nos van a descubrir.

Tercero: No van a delatar.

Segundo: ¿Quién nos va a delatar?

Tercero: No sé. Alguien.

Segundo: Quién. Si acá no hay nadie. Estamos nosotros tres nada más.

Tercero: Alguien nos puede delatar.

Segundo: Si ninguno de los tres abre la boca, nadie nos va a delatar.

Primero: Eso es verdad.

Segundo (muy serio): Y si alguno de ustedes dos llega a abrir la boca, lo mato. ¿Está claro?

Primero (mirando amenazadoramente al tercero): Nadie va a abrir la boca acá. ¿No es cierto?

Tercero (asustado): No, claro. Nadie.

Silencio.

Pausa.

Tercero: Los adultos se van a enterar.

Primero: Es verdad. Los adultos siempre se enteran de todo.

Segundo: Esta vez no tienen por qué enterarse.

Tercero: Pero lo adultos saben todo.

Segundo: Los adultos no saben nada. Son unos pelotudos.

Primero: ¿Todos?

Segundo: Sí, todos. Ninguno sirve para nada.

Tercero: Todos no. Hay algunos que me caen muy bien.

Segundo: Quién por ejemplo.

Tercero: No sé. Tendría que pensar.

Segundo: ¿Ves? No sabés.

Primero: Si no sabés, es porque ninguno sirve para nada.

Silencio.

Pausa.

Primero: Y cómo sabemos que vos no vas a abrir la boca.

Segundo: Qué.

Primero: Cómo sabemos que no vas a echarnos la culpa a nosotros dos.

Segundo: No lo saben. Pero tienen que confiar en mí. No les queda otra.

Tercero: Y vos tenés que confiar en nosotros. Tampoco te queda otra.

Segundo: Hagamos un pacto.

Primero: Qué.

Segundo: Hagamos un pacto de hombres.

Tercero: Para qué.

Segundo: Es un pacto donde cada uno de los tres jura que no le va a decir nada a ningún adulto.

Primero: Me parece muy bien.

Tercero: A mí también.

Segundo: El pacto es así: de a uno por vez, vamos a agarrar la pelota, y vamos de repetir: “Juro por la amistad que nos une, que no le voy a contar a ningún adulto lo que le vamos a hacer a la bicicleta de Boris”.

Primero: ¿Por qué hay que agarrar la pelota para hacer el pacto?

Segundo: Porque la pelota es de todos.

Primero: No es de todos, es mía.

Tercero: Pero nosotros dos somos tus amigos.

Primero: ¿Y con eso qué?

Tercero: Y entonces es como si fuera de los tres.

Segundo: Claro.

Primero: Pero no es de los tres. Es mía.

Segundo: Es lo que nos une a los tres.

Primero: ¿Una pelota nada más nos une?

Tercero: Cómo nada más. ¿Te parece poco?

Segundo: Nuestra pelota es lo más importante que tenemos.

Primero: Es mía. No es de ustedes.

Segundo: ¿Ya te olvidaste del pacto que hicimos hace un año?

Primero: Me acuerdo perfectamente. No me olvidé.

Tercero: En ese pacto juramos que todas las cosas de cada uno eran de los tres. Y que eso nos iba a unir para siempre.

Primero: ¡Pero mi papá me compró la pelota a mí!

Segundo: No estás respetando nuestro juramento.

Tercero: Si no respetás nuestro juramento, nunca más vamos a poder confiar en vos.

Primero: Nunca estuve de acuerdo con ese pacto. Me opuse desde el principio.

Segundo: Pero al final juraste.

Tercero: Y si juraste, quiere decir que lo aceptaste.

Silencio.

Pausa.

Primero: Está bien. Lo acepto. La pelota es de los tres.

Segundo: Y tus otras cosas también son nuestras.

Primero: Si las cosas de ustedes son mías también, sí.

Segundo: Mis cosas son tuyas también.

Tercero: Y mis cosas también son tuyas.

Primero: Entonces sí.

Segundo: Entonces sí qué.

Primero: Ya saben.

Tercero: No, no sabemos, Decilo con todas las letras.

Segundo: Tenés que ser claro en esto.

Tercero: No vamos a tolerar ninguna otra cosa.

Primero: Bueno. Está bien. Mis cosas son de ustedes también.

Silencio.

Pausa.

El segundo y el tercero se ponen a dar gritos de algarabía.

El primero los frena.

Primero: Pero yo me voy a llevar siempre la pelota a casa. ¿Estamos de acuerdo?

Segundo: De acuerdo.

Tercero: De acuerdo.

Primero: Y después no digan que no respeto los pactos.

Segundo: No dijimos eso.

Tercero: Nunca se nos ocurriría.

Primero: Mejor así.

Silencio.

Segundo: Hagamos el pacto entonces. Dame la pelota.

Primero: Para qué.

Segundo: Para empezar con el pacto.

Silencio. El primero le entrega, no sin reticencia, la pelota al segundo.

Segundo (sosteniendo firmemente la pelota bajo su brazo derecho): Juro por la amistad que nos une, que no le voy a contar a ningún adulto lo que le vamos a hacer a la bicicleta de Boris.

Silencio. El primero y el tercero lo contemplan con atención.

Segundo: Ahora les toca a ustedes.

El primero agarra la pelota. La sostiene bajo su brazo derecho. Mira muy seria y decididamente a los otros dos.

Segundo: Repetí después de mí: Juro por la amistad que nos une…

Primero: Juro por la amistad que nos une…

Segundo: …que no le voy a contar a ningún adulto…

Primero: …que no le voy a contar a ningún adulto…

Segundo: …lo que le vamos a hacer a la bicicleta de Boris…

Primero: …lo que le vamos a hacer a la bicicleta de Boris…

Silencio. El tercero los mira.

Segundo: Ahora vos.

El tercero agarra la pelota. Se la coloca bajo su brazo derecho.

Segundo: Repetí después de mí: Juro…

Tercero (interrumpiéndolo): Sí, ya sé cómo es. Me acuerdo.

Segundo: No importa que ya te lo sepas, tenés que repetir después de mí.

Tercero: Por qué.

Segundo: Porque así son las reglas.

Tercero: Y quién dice cómo son las reglas.

Segundo: Las decidimos entre todos.

Tercero: Cuándo las decidimos.

Segundo: Las decidimos la vez que hicimos el primer juramento.

Tercero: Pero hace mucho de eso.

Primero: ¡Si fue el año pasado!

Tercero: El año pasado fue hace mucho.

Segundo: Tenés que respetar las reglas, si no ya no vamos a poder confiar más en vos.

Tercero: Pero al final no confíás en nadie.

Primero: Hacele caso. Respetá las reglas.

Tercero: Ufa. Está bien. Pero es la última vez.

Segundo: Repetí después de mí…

El tercero repite la fórmula del juramento.

Silencio.

Pausa.

Segundo: Muy bien. Ahora los tres estamos comprometidos de por vida a no contarle nunca a ningún adulto lo que le vamos a hacer a la bicicleta de Boris. ¿Estamos de acuerdo?

Primero: De acuerdo.

Tercero: De acuerdo.

Segundo: Queda sellado el pacto entonces.

El segundo le devuelve la pelota al primero.

Segundo: Quedás a cargo de su custodia.

Primero: Muchas gracias.

Silencio. El primero pone la pelota contra el piso y la pisa con su pie derecho. Los otros dos lo miran con mucha atención. Con una patada, luego de un solemne minuto de silencio, dan comienzo al juego. Gritan y corren detrás de la pelota.

Luego de largo rato, se frenan.

El primero agarra la pelota. Se la coloca bajo su brazo derecho. Los otros se miran entre sí. Los tres están agitados y transpirados.

Silencio.

Tercero: Pero no entiendo, cómo puede ser que no te guste la Coca Cola.

Primero: Es horrible.

Segundo: No es horrible.

Primero: Sí que es horrible. Tiene un gusto muy dulce.

Tercero: Es por el azúcar.

Primero: Claro. El azúcar hace que sea pesada.

Segundo: No es pesada.

Primero: A mí me cae muy mal. Me hace tirar pedos.

Tercero: A todos nos hace tirar pedos.

Segundo: Esa no es razón para que no te guste.

Primero: Cuando tomo Coca Cola, se me hincha la panza y me duele.

Tercero: ¿No tendrás algún problema?

Segundo: Seguro que estás enfermo de la panza.

Tercero: A todos los chicos nos gusta la Coca Cola.

Segundo: Es verdad. A todos.

Primero: Además mi papá dice que la Coca Cola es imperialista.

Segundo: ¡Si ni sabemos lo que es eso!

Primero: No importa. Pero seguro que es algo malo.

Silencio.

Los tres se sientan en el cordón de la vereda. Miran hacia el frente, pensativos.

Tercero: No quiero ser abanderado.

Segundo: Quién te dijo que vas a ser abanderado.

Tercero: La maestra.

Primero: La maestra les promete a todos que van a ser abanderados. Es una mentirosa.

Segundo: Todos los adultos se la pasan mintiendo. Ya se los dije.

Primero: Es cierto. Hacés mal en creerle.

Tercero: Pero tengo buenas notas. Me lo habrá dicho por eso.

Segundo: Te lo dijo porque quiere quedar bien con tus padres.

Tercero: Qué pasa con mis padres.

Segundo: Nada. Pero ella quiere caerle bien a todos los padres.

Primero: Y se sabe que a tus papás no les cae bien la maestra.

Tercero: Quién te dijo eso.

Primero: Se sabe.

Tercero: Cómo se sabe. Quién lo dijo.

Primero: Es lo que comentan todos.

Tercero: Quiénes comentan.

Segundo: No importa. No le hagas caso. Igual vos no vas a entender.

Primero: No estás preparado.

Tercero: Preparado para qué.

Segundo: Además este año Boris va a ser el abanderado.

Primero: ¿Boris?

Segundo: Sí, Boris.

Tercero: ¡Si Boris se vive sacando “unos” todo el tiempo!

Segundo: Las notas no importan.

Tercero: Sí que importan. Es lo que te hace ser abanderado.

Primero: Eso y la buena conducta.

Segundo: Esta vez eso no importa. A Boris lo eligieron por otra cosa.

Tercero: Por qué lo eligieron.

Segundo: Por lo que le pasó al padre.

Primero: Qué le pasó.

Segundo: Ya saben. Se lo llevaron esos hombres de uniforme.

Tercero: Entonces vos también sabías.

Segundo: Escuché una vez que mis papás comentaban algo. Pero cuando vos nos lo contaste antes, supe que era verdad.

Primero: Entonces a mi papá también se lo van a llevar.

Segundo: Quién se lo va a llevar.

Primero: Los hombres de uniforme.

Tercero: Sí, creo que sí.

Silencio.

Primero: ¿Y no lo voy a volver a ver?

Tercero: No lo sabemos.

Segundo: Nadie sabe. Hasta ahora el papá de Boris no apareció más.

Tercero: Pero pasó poco tiempo. Un mes nada más.

Primero: Un mes sin mi papá es un montón de tiempo.

Segundo: Podríamos ayudarlo a esconderse.

Primero: ¿A mi papá?

Segundo: Sí. Así no se lo llevan esos hombres de uniforme.

Primero: ¡Es genial! Si no saben donde está, no se lo van a poder llevar.

Tercero: ¿Y en dónde lo vamos a esconder?

Segundo: En cualquier lado. En donde escondamos la bicicleta de Boris.

Tercero: Esconder una bicicleta no es lo mismo que esconder a su papá.

Primero: Es cierto. No es lo mismo.

Segundo: En algún lugar lo vamos a esconder. Ya se nos va a ocurrir algo.

Silencio.

Segundo (al primero): No te preocupes. No vamos a abandonar a tu papá.

Silencio.

Segundo: No vamos a dejar que se lo lleven. Esta vez no.

Primero: Podríamos esconderlo debajo de mi cama.

Tercero: ¡No, mejor en la mía!

Segundo: Esos no son buenos lugares. Se descubren fácilmente. Necesitamos un buen escondite. Ya lo vamos a encontrar.

Silencio.

Pausa.

Tercero: Así que Boris va a ser abanderado porque su papá no está más.

Segundo: Sí.

Tercero: Mejor. Se lo merece. Además yo no quiero ser abanderado.

Primero: Boris no se merece nada. Es una mierda.

Segundo: Es verdad. A mí nunca me gustó.

Primero: A mí tampoco.

Segundo: Es feo.

Primero: Usa anteojos.

Segundo: Es muy flaco.

Primero: Tiene orejas grandes.

Segundo: Es un maricón.

Primero: Un nene de mamá.

Segundo: Un bueno para nada.

Primero: Nunca le gustó jugar al fútbol.

Segundo: Le encanta jugar con muñecas.

Primero. Es amigo nada más que de las nenas.

Segundo: Es un debilucho.

Primero: Y nunca te presta nada.

Segundo: Siempre está bien prolijito.

Primero: Siempre bien peinado.

Segundo: Nunca se ensucia.

Primero: Jamás le pegó a nadie.

Segundo: Es un alcahuete de la maestra.

Primero: Todos los días te “buchonea”.

Tercero: ¿Pero ustedes no eran amigos de él en segundo grado?

Segundo: Sí, pero eso fue hace un montón de tiempo.

Primero: Claro. ¿Cuánto hace que pasó segundo grado?

Silencio.

Pausa.

Segundo (exaltado, de pronto): ¡Ya sé!

Primero: Qué.

Segundo: ¿Y si en vez de robarnos la bicicleta de Boris, lo cagamos a trompadas?

Tercero: ¿Vos decís de asustarlo?

Segundo: No. Yo digo de esperarlo un día a la salida del colegio, agarrarlo entre los tres y cagarlo bien a trompadas.

Primero: ¡Sí, es genial! ¡Vamos a reventarlo!

Tercero: No sé. No me parece.

Segundo: Por qué no.

Tercero: No me parece que esté bien.

Segundo: ¿Qué, le tenés miedo ahora?

Tercero: No le tengo miedo.

Primero: No seas tan maricón.

Tercero: No soy maricón. Pero no está bien que le hagamos eso.

Primero: Por qué no.

Tercero: Por más pelotudo que sea, se acaban de llevar a su papá. ¿Y nosotros encima vamos a cagarlo a trompadas?

Segundo: Sí, por qué no.

Primero: Él me va hacer lo mismo.

Tercero: Qué.

Primero: Si se llevan a mi papá, él me va a hacer lo mismo.

Tercero: Boris nunca le pegó a nadie.

Segundo: Es verdad. Es un cobarde.

Tercero: Es débil. No es cobarde.

Segundo: Es lo mismo.

Tercero: No es lo mismo ser débil que cobarde.

Primero: Estoy seguro que se lo van a llevar.

Segundo: A quién.

Primero: A mi papá. Esos hombres se lo van a llevar.

Silencio.

Pausa.

Segundo: Bueno. Está bien. No le pegamos. Pero al menos podemos robarle la bicicleta, ¿no?

Primero: Tenemos que hacerlo.

Tercero: Sí. De ésa no se va a salvar.

Segundo: Además la que tiene ahora está buenísima.

Primero: ¿Es nueva?

Segundo: Se la regalaron para el cumpleaños.

Tercero: Quién se la regaló.

Segundo: Qué importa eso.

Tercero: Quiero saber quién se la regaló.

Segundo: Alguien de su familia.

Tercero: ¿No se la regaló el padre?

Segundo: No. Se la regaló la tía, creo.

Tercero: Mejor.

Segundo: ¿Por qué mejor?

Tercero: Por nada.

Segundo: Es azul brillante, tiene varios cambios, es de carreras.

Primero: ¿Te la mostró?

Segundo: No, me contaron.

Primero: ¡Buenísimo! No veo la hora de usarla.

Tercero: Va a estar bueno reventársela.

Segundo: Pensé que no querías robarla.

Tercero: Me va a encantar ver la cara que pone cuando la encuentre toda rota.

Silencio.

Tercero: Ese Boris es una mierda. Ustedes tienen razón.

Segundo: Me alegra que estemos de acuerdo.

Tercero: Mañana se la robamos.

Primero: ¿Mañana? ¿Tan pronto?

Tercero: Si queremos que todo salga como lo planeamos, no hay tiempo que perder.

Segundo: Estoy de acuerdo. Me alegra verte tan decidido.

Tercero: ¿Por?

Segundo: Creí que dudabas.

Tercero: No te confundas. Siempre quise pegarle donde más le duele a esa rata.

Segundo: Yo también.

Primero: Y yo.

Silencio.

Segundo: Pero eso sí, señores…

Primero: Qué.

Segundo: Recuerden nuestro pacto.

Tercero: Ningún adulto tiene que enterarse de nuestros planes.

Segundo: Exacto.

Primero: Ningún adulto va a enterarse de nada.

Segundo: Jamás.

Primero: Jamás.

Tercero: Jamás.

Segundo: O va a sufrir las consecuencias.

Tercero: Quién.

Segundo: El que le cuente a un adulto sufrirá las consecuencias. No importa quién sea. ¿De acuerdo?

Primero: De acuerdo.

Tercero: De acuerdo.

Silencio.

Segundo: Tenemos un pacto de hombres.

Primero: Sí. Un pacto de hombres.

Tercero: No, mejor todavía. El nuestro es un pacto de caballeros.

Silencio.

Los tres se miran.

Tercero (exaltado, de pronto): ¡Ya sé!

Primero: Qué.

Silencio. El tercero revisa el bolsillo de su pantalón. Saca una tiza de color blanco.

Tercero: ¿Y si jugamos a la rayuela?

Primero: ¡Genial!

Segundo: Excelente idea.

Los tres dan gritos de algarabía. El primero deja caer la pelota sobre el cordón de la vereda. El segundo y el tercero dibujan con la tiza sobre el piso. Una vez que terminaron, los tres se ponen a jugar a la rayuela.

Luego de un largo rato, dejan de jugar. Están muy agitados y transpirados. Se miran entre sí. Se sientan en el cordón de la vereda. Miran hacia el frente, pensativos, fatigados y cansados. Sonríen.

Fin

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