El Rojas, del mito a lo real

(Artículo publicado en Revista Funámbulos, año 20, número 46, otoño de 2017).

funambulos 46

El Centro Cultural Rector Ricardo Rojas tiene una larga, fructífera y riquísima historia y tradición. Surgido en 1984 de la mano del entonces rector Andrés Delich, y dependiente de la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad de Buenos Aires, se transformó rápidamente en uno de los íconos más fuertes e intensos de la cultura en democracia, en el efervescente período alfonsinista, luego de los terribles años del terrorismo de Estado instaurado por la dictadura militar. Uno de los objetivos centrales era que el centro cultural funcionara como un auténtico puente entre la universidad y la comunidad. En los primeros años ochenta y hasta bien entrados los noventa, el Rojas era considerado un centro de experimentación y vanguardia, teatral, artística y culturalmente hablando. En aquella época se salía de un período de represión muy fuerte por el cual había que ganar el espacio público, en particular la calle. El espíritu de época marcaba que había que hacer teatro en cualquier lado, en una terraza, en un sótano o en un centro cultural. Lo importante era salir y hacer compulsiva y fervorosamente. El período alfonsinista y la primera etapa del menemismo tenían esa impronta, ya que, como afirma la investigadora Mariana Cerviño, “la apertura democrática es también la del campo cultural que habilita el ingreso de nuevos tipos sociales de actores que proponen, a partir de sus diversas trayectorias sociales, un ethos artístico diferente del legítimo hasta entonces”.


El sociólogo e investigador, docente y ex coordinador del área de Publicaciones del Rojas, Lucas Rozenmacher, rememora aquellos primeros años en la vida de la institución: “Iba al Rojas como estudiante secundario y universitario. Fui también docente allí, daba clases de sociología de la vida cotidiana en el Programa de la Tercera Edad. Coordiné además el área de Publicaciones, es decir la editorial Libros del Rojas, un sello propio del centro cultural. Publicamos distintas líneas, una que era para pensar la cuestión social, luego de la crisis del 2001. Otra que era una colección de poesía, porque el Rojas tuvo siempre una tradición muy fuerte en este campo. Publicábamos también una línea de teatro, porque el vínculo histórico que el centro cultural tenía con el teatro emergente era muy importante. Se publicaron libros de Luis Cano, Lola Arias, Matías Feldman y Ariel Farace, entre otros. Eran obras que ellos habían montado en el propio centro cultural”.

Originalmente la potencia del Rojas estuvo dada por haber sido un gran polo de producción artística y cultural en el Buenos Aires de los años ochenta, de la mano de artistas como Walter “Batato” Barea y Alejandro Urdapilleta, además de la personal impronta que iría adquiriendo ya en los años noventa la galería del Rojas, con la curaduría del artista Jorge Gumier Maier, y los estrenos de las primeras obras de los principales autores del grupo Carajaji, como Rafael Spregelburd, Alejandro, Tantanian, Javier Daulte, y de otros dramaturgos y directores que no participaron del grupo pero que se constituyeron en grandes animadores del teatro de los noventa, como Daniel Veronese y Rubén Szchumacher.

La galería del Rojas, inaugurada en 1989 con una instalación de Liliana Maresca y una performance de Batato Barea, se constituyó en una sala de artes visuales que impuso una suerte de “marca de fábrica”, alcanzando una importante resonancia en el público y en la crítica especializada, a tal punto que llegó a hablarse en la época de “los artistas del Rojas”, como representantes de un estilo y un movimiento artístico específico, constituyéndose así en un modo particular de hacer y pensar el arte. Otro hito significativo del Rojas fue “La Voz del Erizo”, un ciclo de lecturas de poesía contemporánea argentina que coordinó Delfina Muschietti entre 1992 y 2002 en un aula del centro cultural de la UBA, que respondía a la impronta de alto perfil e impacto que tenía el área de Letras, dirigida en ese momento por Daniel Molina.

Con el tiempo y paulatinamente, la dirección del Rojas fue modificándose, al ganar cada vez más lugar el Área de Formación, multiplicándose así la oferta de cursos que se daban dentro del centro cultural de la UBA. Para Rozenmacher, esto último se debió a diversos factores: “con la promulgación de la Ley Federal de Educación en 1993, cambia el formato de quienes podían dar clases, lo que generó que muchos docentes quedaran expulsados del sistema de enseñanza y que terminaran incorporándose entonces a las áreas de extensión de las universidades, especialmente en la UBA y en el Rojas. Diferentes gestiones fueron viendo además que el área de formación era un espacio de ingreso de gente y de dinero”. Esta explosión en la oferta de cursos y talleres de educación no formal, dirigida tanto a jóvenes como adultos, tuvo lugar desde mediados de la década del noventa y cambió la fisonomía del Rojas, que paulatinamente dejó de ser el centro del teatro y del arte under porteño para pasar a convertirse en un centro cultural en el que lo formativo pasó a ocupar un lugar preeminente. En la primera década del nuevo siglo, se termina ya por consolidar definitivamente el modelo formativo del Rojas en detrimento del polo de producción artística, desapareciendo ese caos creativo un tanto mítico que estuvo tan presente en el origen del centro cultural. Esta efervescencia que en otras épocas atravesaba al Rojas, Ronzenmacher la ubica en la actualidad en otros ámbitos ligados a colectivos activistas, que trabajan en el cruce entre arte y política. Señala también lo que considera un error importante en la política cultural de la universidad: “La UBA se desvinculó de su espacio de extensión más emblemático, dejando que el Rojas funcionara autónomamente. La universidad desechó la cuestión cultural. Quiero decir, no veo que se preocupe por pensar la política cultural que tiene lugar en sus claustros, en sus distintas facultades. Más allá de los cursos de extensión que se dan allí, no existe un pensamiento sistemático sobre la política cultural universitaria. No se piensa como vincular la cuestión curricular con lo artístico que podría producir la misma universidad a un costo muy bajo. Para repensar la estructura de la política cultural de la universidad, hay que repensar la radio, los medios, las producciones audiovisuales, la actividad que se hace en las facultades. La crisis del Rojas se da en el marco global de la crisis de la UBA. Y también es necesario repensar la estructura de cursos. Como armar cursos que tengan que ver con la formación artística pensando que ya hay espacios institucionales que cubren esas necesidades. Entonces hay que buscar una formación diferencial, de otro tipo”.

Por supuesto que, como venimos señalando, el espíritu de época en la actualidad es complemente distinto con respecto a aquellos primeros años de vida del Rojas, teniendo en cuenta que ya no existe más un circuito cultural alternativo que no solo incluía al centro cultural de la UBA, sino también al Parakultural, Cemento, Café Einstein, Paladium, Nave Jungla y Babilonia, entre otros, en el que las fiestas que tenían lugar en esos espacios se encontraban totalmente ligadas con las intervenciones artísticas. Un clima de época que el artista y sociólogo Roberto Jacoby definió como “la estrategia de la alegría”, que tuvo su manifestación en estilos musicales de bandas como Los Twist, Las Viuda e Hijas de Roque Enroll, Los Abuelos de la Nada, las Bay Biscuit, Ring Club; en las escenografías, los vestuarios, las performances y los maquillajes; en las dimensiones lúdicas y carnavalescas de la música y el teatro under de la época. Como afirma el investigador Syd Krochmalny, “la estrategia de la alegría” fue interpretada como una política festiva: la recuperación del cuerpo en la vida cotidiana, la danza para establecer contacto con los cuerpos ante el repliegue del aparato represivo del Estado que se había impuesto sobre los cuerpos desaparecidos, torturados y asesinados”. Las nuevas producciones, que unían a los creadores emergentes en aquellos años y a un público joven, conectaban así a una red de espacios de la Ciudad de Buenos Aires, en su mayoría

locales nocturnos. Como sostiene Mariana Cerviño, “sus vínculos no se orientan de acuerdo a sus disciplinas, sino al hecho de compartir un modo de experimentar la época. Esta característica tiene que ver con el carácter amateur de los productores, y con la baja institucionalización de los espacios privilegiados de reunión. Restringidas por la represión círculos cerrados muchas veces escondidos, las interacciones se producen ahora en lugares públicos donde confluyen distintas prácticas: teatro, performances, plástica, recitales, etc., rasgo que se irá perdiendo a medida que avance la década”.

En mi caso particular, mi relación con el Rojas viene de larga data, ya que he atravesado diversos períodos, situaciones y contextos del Centro Cultural y por supuesto de mi biografía personal. El Rojas fue el lugar donde me inicié en la actividad teatral, por eso tiene un gran valor emocional para mí. Entre 1993 y 1995 fui alumno de los talleres de actuación de los actores y directores Miguel Pittier y Gabo Correa. Como espectador, me dejé fascinar por las tempranas obras de Rafael Spregelburd, que se entrenaban en el centro cultural, y por el Proyecto Museos, curado por Vivi Tellas. Unos años después, volvería a transitar sus salas y sus aulas primero como alumno del Taller de Dirección y Puesta en Escena de Rubén Szchumacher en 2000 y 2001, y luego como actor en 2002 en El viaje de Mirna, de Matías Feldman, y al año siguiente en Bizarra, una saga argentina, del propio Spregelburd. Esta última, una novela teatral en diez capítulos fue, como es sabido, un verdadero acontecimiento que llenaba todos los días la sala Batato Barea. Unos años después participaría de una experiencia personal muy gratificante, como dramaturgo y director, pero a la vez muy dura en la vida institucional del Rojas, pues la Universidad de Buenos Aires se encontraba acéfala, lo que ocasionaba múltiples trastornos en el día a día de la institución. Me refiero al montaje de Hecho para la ocasión, una creación colectiva que concebimos con diversos actores y colaboradores en el marco de un evento denominado Centenario Beckett, realizado en 2006 con el fundamental apoyo de la Embajada de Francia, para celebrar el nacimiento del centenario del dramaturgo irlandés. Recuerdo que las condiciones edilicias del Rojas se encontraban muy desmejoradas en aquel momento. La sala Biblioteca, en donde tenía lugar nuestro montaje, sufría pérdidas y filtraciones. Lo mismo ocurría con la sala La Cancha, en donde algunas funciones de una obra de la dramaturgia y directora Lola Arias debieron suspenderse por el mismo motivo. Al poco tiempo, la asunción de José Miguel Onaindia al frente de la institución revitalizaría fuertemente al Rojas, aunque su gestión duró muy poco debido a su renuncia. Finalmente varios años después, en 2015, participé como performer de la obra Limbo Scroll de Liza Casullo y Tálata Rodríguez, que tuvo lugar en el marco del ciclo Óperas Primas, quizás una de las apuestas más interesantes del Rojas en los últimos años, ya que les da lugar a nuevos dramaturgos y directores para que estrenen en ese marco sus primeras obras, retomando así ese lugar de semillero de artistas y creadores que el Rojas ocupó desde sus primeros tiempos.

De la misma manera en que quizás la Universidad de Buenos Aires permanece aún hoy en día atascada en el mito de los años sesenta que consistía en la construcción de una universidad eminentemente científica, el Rojas parece haber sido devorado por su propio mito, constituyéndose en una institución que no puede ni saber cómo lidiar con su propia historia, en la medida en que ella parece ser mucho más grande que el chato presente que atraviesa. Entre la alternatividad y la institucionalización, el gran desafío del Rojas consiste en cómo reinventarse, cuando debe convivir con la percepción de que su valor como polo de producción cultural y artística se encuentra más en el pasado que en una actualidad repleta de claroscuros.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s