No vale fin: voces del afuera

En el remanso breve de la madrugada, las voces del afuera nos asfixian.

Durante la mañana flotamos en la rutina, sin dejarnos llevar: la prisa…

Internalizamos el afuera hasta caminar con anteojeras, con un solo objetivo.

Llegar, llegar, llegar. Lo más rápido posible: nervios de acero.

El ciclo recomienza apenas queremos. Si me calmo, muero.

Si ahora desertara de esta manada ajena, lloraría.

Esperamos una eternidad en vano: éxito infructuoso.

Al atardecer, en el punto límite…

Siesta. Fiesta. Enarbolamos la zozobra.

Madrugo: dios nos odia.

Consulto lo ajeno.

Corro, quieto.

Silencio.

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