Buenos Aires en 100 palabras (16)

Había sido un día agotador. Con sus últimas fuerzas abrió la puerta de su casa. Se preparó una cena desganada y mínima. En el silencio de la noche, irrumpió una fastidiosa conversación en la que dos personas hablaban del deporte favorito de los porteños: denunciar. La conversación provenía de la calle. No lo dudó un instante. Buscó su pistola Taser reglamentaria -la misma que la Ministro del Interior había autorizado unos días antes, para que cada uno fuera su propio policía- y en unos momentos la calma se reinstauró. Ahora sí: pudo irse a dormir en paz.

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