No vale fin: voz extranjera

Soñar con un destino es obedecer al mandato que, en nosotros, expresa una voz extranjera

Mirar despierto a ese mismo destino, obedeciendo a esa voz, agradeciendo, oyendo, despareciendo, cantando…

Expresar sólo lo que es necesario en el viaje. Tomar lo inhabitual. Ya.

Oír ese mandato y llevarlo al extremo, hasta desvanecerse por completo. Hoy.

Extremar precauciones. Ser a la vez intrépido y audaz. ¿Cómo? ¿Cuándo?

Responder a preguntas innecesarias es habitar el silencio del otro.

Inquietarse solamente en noches de luna llena. Sin ley.

Obedecer al sueño de devenir extranjero. Sin voz.

Despertar luego de una larga noche ajena.

Habitar una intrincada ciudad que desconocemos.

Destinar solo un minuto más.

El viaje nos espera.

Lamentamos dejar atrás…

…lo pasado.

Vamos.

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