Buenos Aires en 100 palabras (18)

Viajo siempre en la Línea B de subte, al regresar del centro de la ciudad rumbo a mi casa. Su trazado directo, por Corrientes, me deja en Chacarita. Suelo bajarme en la Estación Dorrego. Cuando me acuerdo visito el santuario del “Gauchito Gil”, mi santo preferido. El único en quien en verdad creo. Sigo caminando por el Parque Los Andes y me adentro en los alrededores del cementerio. Lo que nos decimos “El Gauchito” y yo es un secreto compartido. Quedará guardado bajo cuatro llaves. A solas los dos: susurros inconfesables, pedidos, ruegos y agradecimientos. En suma: auténtica devoción.

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