Archive for the ‘autorretratos’ Category

Buenos Aires en 100 palabras (30)

julio 14, 2019

Ves Aeroparque bajo una bruma nocturna que se asemeja a la lluvia, pero no lo es. El regreso es hipnótico, casi irreal. Como si estuvieras habitado por los recorridos que atravesaron los protagonistas de libros que nunca leíste. De vidas que nunca viviste. Te subís al primer taxi que encontrás. El chofer te suelta: no esperes nada de mí. Y sin embargo, te lo entrega todo. Te cuenta su historia, de principio a fin. Sus mujeres, sus pasiones, sus fracasos, sus dolores. Te pregunta si tenés previsto llorar en esta despedida. Le respondés que no, de ninguna manera.

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Buenos Aires en 100 palabras (29)

julio 13, 2019

Deambulo por las calles de este barrio añejo, de tiempos superpuestos, hasta convertirme en una foto. Hasta que todos los que alguna vez estuvieron cerca de mí se detengan a contemplarla con atención, rompiendo el flujo (auto)impuesto de tareas, obligaciones, descansos, líneas muertas y disensos. Hasta que repliques, en una noche solitaria y lluviosa, esa misma foto que alguna vez fui. Y sea entonces tu eco el que yo recuerde. Por única vez.

Buenos Aires en 100 palabras (28)

junio 27, 2019

Gira el mundo gira. Gira en Barrancas de Belgrano. Gira en una antigua casona de piso de tierra, de paredes y techos muy altos, de árboles y plantas. Sigue girando en una noche de música, de copas de vino, de cervezas y empanadas. Una noche clara, lúcida y límpida. Una noche en la que por fin se permite sentir, recordar y pensar en todas las pérdidas que sufrió en estos meses. Una noche en la que puede relajarse, entristecerse y llorar. Gira el mundo gira. Gira sin parar. Y a veces me quiero bajar. Y a veces, me quiero quedar…

Buenos Aires en 100 palabras (25)

junio 16, 2019

Deciden hacer por única vez lo que nunca han hecho en este mundial del único deporte que realmente importa. El que paraliza a toda la ciudad. A todo el país. Caminan las tres cuadras que los separa de La Nueva Andaluza. Sin fotografiar ni escribir sobre nadie. Una tarde de invierno relajada y placentera. Sin proyectos. Croacia y una selección de jugadores africanos que representa a Francia juegan la final. Muchos de los ancianos habitués de ese bar notable, quienes vieron en vivo y en directo la final del mundial anterior, ya no están. La tarde será decepcionante. Otra vez.

Buenos Aires en 100 palabras (22)

mayo 26, 2019

En mi casa se habla siempre de la muerte. Cuando me pongo a pensar, me doy cuenta de que hace años que venimos hablando de la muerte. La personal, la íntima, la familiar, pero también la colectiva, la social, la política. Algunas formas de la muerte nos han llegado directamente. Hemos sentido su presencia físicamente. Concretamente. Otras no. A otras formas de morir sólo las hemos visto por televisión. Ajena y distantemente. Cuando se hablan de estos temas, a la hora de la cena, elijo callar. Callar y mirar el plato, sin más.

Buenos Aires en 100 palabras (17)

abril 3, 2019

En el semáforo de Boedo e Hipólito Yrigoyen están “los trapitos”. Son siempre dos. Están prestos a limpiar los vidrios de los autos que se detienen en la esquina. Te los encontrás ahí día y noche, llueve o truene, en invierno o en verano. Escuchan cumbia a alto volumen. Los ves cada vez que pasás, cuando caminás por Boedo rumbo a Rivadavia, a la salida de la casa de tus padres. Te tranquiliza saber que están ahí. Firmes. Brillantes. Soberbios. Con las manos extendidas. Justo un segundo antes de que cambie la luz del semáforo.

Buenos Aires en 100 palabras (15)

enero 17, 2019

En todas las universidades de esta ciudad y sus alrededores en las que trabajó, suele decir lo mismo: la comunicación no existe. Hoy comprende que lo que en verdad siempre quiso decir es que la comunicación está atravesada por relaciones de poder. No importan abstractos conceptos como igualdad, horizontalidad, atenta y sincera escucha del otro. Lo que cuenta solamente es quién la tiene más grande. Cómo sojuzgar, dominar y humillar al otro, es decir, a uno mismo.

No vale fin: voces del afuera

enero 12, 2019

En el remanso breve de la madrugada, las voces del afuera nos asfixian.

Durante la mañana flotamos en la rutina, sin dejarnos llevar: la prisa…

Internalizamos el afuera hasta caminar con anteojeras, con un solo objetivo.

Llegar, llegar, llegar. Lo más rápido posible: nervios de acero.

El ciclo recomienza apenas queremos. Si me calmo, muero.

Si ahora desertara de esta manada ajena, lloraría.

Esperamos una eternidad en vano: éxito infructuoso.

Al atardecer, en el punto límite…

Siesta. Fiesta. Enarbolamos la zozobra.

Madrugo: dios nos odia.

Consulto lo ajeno.

Corro, quieto.

Silencio.

No vale fin: el uso de los placeres

enero 8, 2019

Cuando lo superior tiene por naturaleza bajo su poder a lo inferior, se dice que tal sujeto es dueño de sí mismo.

¿Será posible que tal sujeto sea alguna vez dueño de sí? ¿Será posible que sea realmente dueño de algo? ¿O no?

¿Será posible que lo superior se apodere arbitrariamente de lo inferior? ¿Qué es eso que llaman lo superior? ¿E inferior?

Digamos que yo soy inferior y vos sos superior. ¿Te apoderarías de mí? ¿Lo harías? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Ante quiénes?

Digamos que yo soy superior y vos sos inferior. Me apoderaría de vos sin dudas. Ahora mismo. Inmediatamente.

Digamos que algún otro, un extranjero, es superior a nosotros dos: seres inferiores. ¿Quién sobreviviría? ¿Vos? ¿Yo?

Digamos que nadie es superior a nadie, a nada. Todos somos iguales. ¿Para qué serviría eso?

Soy dueño de mí. Sos dueño de vos. Son dueños de sí. ¿Qué hacer ahora?

Soy dueño por naturaleza. Soy poderoso por inferioridad de los otros. Me temen. ¡Mierda!

¿Mierda? ¿No sería mejor otear el horizonte desde la cima montañosa y disfrutarlo?

Lo disfrutaría, sí. Y al final, sufriría. De puro masoquista que soy.

¿Y vos? ¿Lo disfrutarías? ¿Sufrirías? ¿Serías sádico o masoquista? ¿Te rebelarías?

Soy inferior. Lo admito. Soy esclavo. Jamás podría rebelarme, ¿no?

Soy superior. Lo concedo. Soy amo. Algunos me aman.

Observo el mundo desde la cima. Me observan.

Desde el llano, me freno. Camino dificultosamente.

Naturaleza obliga: voy barranca abajo. Ya.

Nadie me obliga: decido cuándo.

Lo estoy disfrutando, ¿no?

No lo creo.

Nunca más.

Poder.

Buenos Aires en 100 palabras (11)

diciembre 31, 2018

villa crespo

Luego de vagabundear durante horas por tres barrios distintos (Chacarita, Paternal y Villa Crespo), comprende que se mueve entre la vejez. La propia. La de sus padres. Hace años se consideraba una persona desprendida. No podía estar más equivocado: nunca dejó de aferrarse a las cosas, a las personas, a las sensaciones que lo rodean. Son su único capital. Su riqueza más valiosa. Desde el comienzo eligió deslizarse, escurrirse, escaparse: de todos y de todo. Entonces comprende que el miedo es realmente su único compañero. Miedo a no vivirlo todo, al máximo, justo antes de encontrarse con su muerte.