Archive for the ‘No vale fin’ Category

No vale fin: voz extranjera

enero 22, 2019

Soñar con un destino es obedecer al mandato que, en nosotros, expresa una voz extranjera

Mirar despierto a ese mismo destino, obedeciendo a esa voz, agradeciendo, oyendo, despareciendo, cantando…

Expresar sólo lo que es necesario en el viaje. Tomar lo inhabitual. Ya.

Oír ese mandato y llevarlo al extremo, hasta desvanecerse por completo. Hoy.

Extremar precauciones. Ser a la vez intrépido y audaz. ¿Cómo? ¿Cuándo?

Responder a preguntas innecesarias es habitar el silencio del otro.

Inquietarse solamente en noches de luna llena. Sin ley.

Obedecer al sueño de devenir extranjero. Sin voz.

Despertar luego de una larga noche ajena.

Habitar una intrincada ciudad que desconocemos.

Destinar solo un minuto más.

El viaje nos espera.

Lamentamos dejar atrás…

…lo pasado.

Vamos.

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No vale fin: voces del afuera

enero 12, 2019

En el remanso breve de la madrugada, las voces del afuera nos asfixian.

Durante la mañana flotamos en la rutina, sin dejarnos llevar: la prisa…

Internalizamos el afuera hasta caminar con anteojeras, con un solo objetivo.

Llegar, llegar, llegar. Lo más rápido posible: nervios de acero.

El ciclo recomienza apenas queremos. Si me calmo, muero.

Si ahora desertara de esta manada ajena, lloraría.

Esperamos una eternidad en vano: éxito infructuoso.

Al atardecer, en el punto límite…

Siesta. Fiesta. Enarbolamos la zozobra.

Madrugo: dios nos odia.

Consulto lo ajeno.

Corro, quieto.

Silencio.

No vale fin: el uso de los placeres

enero 8, 2019

Cuando lo superior tiene por naturaleza bajo su poder a lo inferior, se dice que tal sujeto es dueño de sí mismo.

¿Será posible que tal sujeto sea alguna vez dueño de sí? ¿Será posible que sea realmente dueño de algo? ¿O no?

¿Será posible que lo superior se apodere arbitrariamente de lo inferior? ¿Qué es eso que llaman lo superior? ¿E inferior?

Digamos que yo soy inferior y vos sos superior. ¿Te apoderarías de mí? ¿Lo harías? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Ante quiénes?

Digamos que yo soy superior y vos sos inferior. Me apoderaría de vos sin dudas. Ahora mismo. Inmediatamente.

Digamos que algún otro, un extranjero, es superior a nosotros dos: seres inferiores. ¿Quién sobreviviría? ¿Vos? ¿Yo?

Digamos que nadie es superior a nadie, a nada. Todos somos iguales. ¿Para qué serviría eso?

Soy dueño de mí. Sos dueño de vos. Son dueños de sí. ¿Qué hacer ahora?

Soy dueño por naturaleza. Soy poderoso por inferioridad de los otros. Me temen. ¡Mierda!

¿Mierda? ¿No sería mejor otear el horizonte desde la cima montañosa y disfrutarlo?

Lo disfrutaría, sí. Y al final, sufriría. De puro masoquista que soy.

¿Y vos? ¿Lo disfrutarías? ¿Sufrirías? ¿Serías sádico o masoquista? ¿Te rebelarías?

Soy inferior. Lo admito. Soy esclavo. Jamás podría rebelarme, ¿no?

Soy superior. Lo concedo. Soy amo. Algunos me aman.

Observo el mundo desde la cima. Me observan.

Desde el llano, me freno. Camino dificultosamente.

Naturaleza obliga: voy barranca abajo. Ya.

Nadie me obliga: decido cuándo.

Lo estoy disfrutando, ¿no?

No lo creo.

Nunca más.

Poder.