Archive for the ‘Relatos’ Category

Buenos Aires en 100 palabras (26)

junio 20, 2019

Luego de celebrar el día internacional del Chi kung, se encuentra con el francés y su novia. Es él, un extranjero, quien le hace descubrir el teatro comunitario argentino. Se dirigen hacia el Galpón de Catalinas, en el olvidado sur de la ciudad. Carpa quemada, el circo del centenario, los proyectos de nación del siglo XIX, San Martín, Rosas, Sarmiento, Mitre, Roca, las invasiones inglesas, la guerra contra el Paraguay, el asesinato de Mariano Moreno, el fusilamiento de Dorrego, la “Conquista del Desierto”, las familias más destacadas de la sociedad porteña. En fin: la historia como farsa y como tragedia.

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Buenos Aires en 100 palabras (22)

mayo 26, 2019

En mi casa se habla siempre de la muerte. Cuando me pongo a pensar, me doy cuenta de que hace años que venimos hablando de la muerte. La personal, la íntima, la familiar, pero también la colectiva, la social, la política. Algunas formas de la muerte nos han llegado directamente. Hemos sentido su presencia físicamente. Concretamente. Otras no. A otras formas de morir sólo las hemos visto por televisión. Ajena y distantemente. Cuando se hablan de estos temas, a la hora de la cena, elijo callar. Callar y mirar el plato, sin más.

Buenos Aires en 100 palabras (17)

abril 3, 2019

En el semáforo de Boedo e Hipólito Yrigoyen están “los trapitos”. Son siempre dos. Están prestos a limpiar los vidrios de los autos que se detienen en la esquina. Te los encontrás ahí día y noche, llueve o truene, en invierno o en verano. Escuchan cumbia a alto volumen. Los ves cada vez que pasás, cuando caminás por Boedo rumbo a Rivadavia, a la salida de la casa de tus padres. Te tranquiliza saber que están ahí. Firmes. Brillantes. Soberbios. Con las manos extendidas. Justo un segundo antes de que cambie la luz del semáforo.

Buenos Aires en 100 palabras (16)

enero 20, 2019

Había sido un día agotador. Con sus últimas fuerzas abrió la puerta de su casa. Se preparó una cena desganada y mínima. En el silencio de la noche, irrumpió una fastidiosa conversación en la que dos personas hablaban del deporte favorito de los porteños: denunciar. La conversación provenía de la calle. No lo dudó un instante. Buscó su pistola Taser reglamentaria -la misma que la Ministro del Interior había autorizado unos días antes, para que cada uno fuera su propio policía- y en unos momentos la calma se reinstauró. Ahora sí: pudo irse a dormir en paz.

No vale fin: voces del afuera

enero 12, 2019

En el remanso breve de la madrugada, las voces del afuera nos asfixian.

Durante la mañana flotamos en la rutina, sin dejarnos llevar: la prisa…

Internalizamos el afuera hasta caminar con anteojeras, con un solo objetivo.

Llegar, llegar, llegar. Lo más rápido posible: nervios de acero.

El ciclo recomienza apenas queremos. Si me calmo, muero.

Si ahora desertara de esta manada ajena, lloraría.

Esperamos una eternidad en vano: éxito infructuoso.

Al atardecer, en el punto límite…

Siesta. Fiesta. Enarbolamos la zozobra.

Madrugo: dios nos odia.

Consulto lo ajeno.

Corro, quieto.

Silencio.

No vale fin: el uso de los placeres

enero 8, 2019

Cuando lo superior tiene por naturaleza bajo su poder a lo inferior, se dice que tal sujeto es dueño de sí mismo.

¿Será posible que tal sujeto sea alguna vez dueño de sí? ¿Será posible que sea realmente dueño de algo? ¿O no?

¿Será posible que lo superior se apodere arbitrariamente de lo inferior? ¿Qué es eso que llaman lo superior? ¿E inferior?

Digamos que yo soy inferior y vos sos superior. ¿Te apoderarías de mí? ¿Lo harías? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Ante quiénes?

Digamos que yo soy superior y vos sos inferior. Me apoderaría de vos sin dudas. Ahora mismo. Inmediatamente.

Digamos que algún otro, un extranjero, es superior a nosotros dos: seres inferiores. ¿Quién sobreviviría? ¿Vos? ¿Yo?

Digamos que nadie es superior a nadie, a nada. Todos somos iguales. ¿Para qué serviría eso?

Soy dueño de mí. Sos dueño de vos. Son dueños de sí. ¿Qué hacer ahora?

Soy dueño por naturaleza. Soy poderoso por inferioridad de los otros. Me temen. ¡Mierda!

¿Mierda? ¿No sería mejor otear el horizonte desde la cima montañosa y disfrutarlo?

Lo disfrutaría, sí. Y al final, sufriría. De puro masoquista que soy.

¿Y vos? ¿Lo disfrutarías? ¿Sufrirías? ¿Serías sádico o masoquista? ¿Te rebelarías?

Soy inferior. Lo admito. Soy esclavo. Jamás podría rebelarme, ¿no?

Soy superior. Lo concedo. Soy amo. Algunos me aman.

Observo el mundo desde la cima. Me observan.

Desde el llano, me freno. Camino dificultosamente.

Naturaleza obliga: voy barranca abajo. Ya.

Nadie me obliga: decido cuándo.

Lo estoy disfrutando, ¿no?

No lo creo.

Nunca más.

Poder.

Buenos Aires en 100 palabras (9)

julio 20, 2018

canarios

Los canarios de la pieza del fondo, en la casa de mis padres, en Boedo. Es el lugar al que quiero ir, en el que deseo estar, cuando regrese allí. Algo me habla. Algo aún resuena. Solo quedan seis vivos. Han vivido muchos años. Son quizás ancianos. Algunos son amarillos. Otros, blancos. Apenas entro, me doy cuenta de que la luz está encendida. Cantan. Es la hora de dormir. Ya es de noche. Hay silencio, en este frío invierno. Me tomo un instante para observarlos con detenimiento, uno por uno, justo antes de marcharme.

Buenos Aires en 100 palabras (8)

junio 23, 2018

boicotppal

Las calles de la ciudad están embanderadas de celeste y blanco: en los negocios, en los supermercados, incluso en los taxis vibran los plasmas en brillante HD. Las imágenes del Mundial de Rusia estallan en todas partes. Hace tiempo que decidí que el fútbol ya no me interesa. Hace tiempo también que decidí que el nacionalismo no me pertenece. Después de Auschwitz, Theodor Adorno dijo que ya no era posible escribir poesía. Parafraseándolo, agrego: después del Mundial 78, (“los argentinos somos derechos y humanos”) ya no es posible mirar ingenuamente ningún partido de fútbol. Ni siquiera en rutilante HD.

Buenos Aires en 100 palabras (7)

abril 15, 2018

motos

Camino por el pasillo polvoriento repleto de estantes en los que abundan cascos, motores y otros repuestos de motos. Tengo entre 7 y 10 años. Cuatro años seguidos caminando en esa oscuridad, en medio de esa fugacidad del subsuelo perteneciente al comercio motociclístico de mi tío, ubicado en pleno microcentro porteño. En uno de esos recorridos, me enamoro de un casco azul francia. Voy todos los sábados al negocio con mi madre. Ella se sienta ante un escritorio. Mientras trabaja, me paseo con mi casco azul entre las estanterías, hasta que finalmente todo se desvanece.

 

Buenos Aires en 100 palabras (6)

abril 8, 2018

una critica de artes

“El momento oportuno llega cuando se pueden ver las cosas (especialmente lo que todo el mundo ya ha visto) de un modo nuevo. La consagración de lo obvio”. Es lo que me escribe una amiga por WhatsApp, mientras descanso en uno de los puffs del tercer piso de la Universidad Nacional de las Artes, apenas unos momentos antes de entrar a la última clase de la semana, a pocos pasos del Congreso Nacional. Afuera llueve como nunca desde hace meses. Adentro decido encomendarme entonces a lo obvio y asumo, una vez más, la crítica del artes de dar clases.